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"Miro con el ojo / de una
imagen los predispuestos al linchamiento." (Poesías en
forma de rosa. "Poesías mundanas".)
"Como
el lector de esta larga conversación
(2) podrá comprobar,
soy de aquellos a quienes no gusta o mejor dicho, que
detestan las entrevistas: no me niego, contrariamente a
lo que debería, a conceder alguna, pero es por pura
debilidad, porque no sé decir que no, porque la
considero útil, nunca se sabe, aunque sólo sea al
entrevistador...
En realidad, detesto las entrevistas por
dos razones:
1.-
Quien concede una entrevista ya no es un hombre normal:
se descubre objetiva y subjetivamente disociado, y para
hablar con propiedad esquizoide. Además, subjetiva y
objetivamente ridículo...
No se entrevista –si no es por uno motivo
muy vulgar, para la televisión, por ejemplo- al primer
individuo que aparece, aunque, puesto en el trance, sea
capaz de la más extrema dignidad. En cambio, un hombre
“que ha llegado”

ya ha perdido buena parte de su dignidad. La superposición de su
“figura” pública y de su “figura” privada exige
precauciones particulares que siempre acaban por ser
degradantes...
Y yo me he esforzado siempre en ignorar
que también soy una figura “pública”, con todos los
deberes que eso implica. Siempre me he comportado lo
peor posible, es decir, tal como quería...
Pero ha sido más fuerte que yo: se me
atribuye una especie de autoridad abominable, discutida
si se quiere, que me inviste repentinamente y se apodera
de toda mi vida; me doy cuenta de ello con repugnancia,
especialmente a lo largo de las entrevistas, es decir,
cuando me interrogan como se consulta a un sacerdote,
con un cierto desprecio –inconsciente sin duda- por
parte del consultante...
En
esa relación oral que se establece entre el
entrevistador y yo ocurre algo monstruoso: las opiniones
que expreso –ni más ni menos corriente es que las otras- son o elevadas
a priori y de manera artificial a un nivel
superior, promovidas a la calidad de “muestras”
presentadas en la perspectiva frontal de un mapa
hagiográfico u ológrafo que comprende todos los “que han
llegado”, incluso los más inocentes...
Hay que añadir que
cada uno de nosotros vive en un campo de concentración
en miniatura, donde los instrumentos de tortura cotidiana
son nuestras propias contrariedades: en lo que concierne
a los personajes públicos, éstas coinciden bastante con
las relaciones públicas. (Yo he sido declarado “pecador
público”.)...
Y justamente no hay nada tan miserable
como nuestras propias contrariedades. La entrevista
derrama entonces una claridad despiadada

sobre esas miserias íntimas, que el
entrevistado intenta desesperadamente ocultar a la mirada, o
que tiene la debilidad de entregar a la opinión pública,
o de las que, en cualquier caso, sufre, siendo, como es,
un ser lastimosamente frustrado...
Un pequeño ejemplo de lo que
insinúo: hoy
(3), en Italia, todo el mundo se indigna ante
el código penal fascista, todo el mundo descubre en él
el instrumento esencial de la actual represión, etc.; no
hay día que los periódicos no se refieran a ello...
Pues
bien (debido a experiencias personales que nada tienen
de agradable), desde hace unos quince años, no
desaprovecho ninguna ocasión de arremeter contra dicho
código, en medio de la indiferencia más completa, cuando
no se me considera, con una benévola conmiseración, como
una especia de Casandra
(4)...
Por tanto, hoy me siento, por decirlo
así, frustrado por el hecho de que nadie reconozca mi
esfuerzo, casi nadie ni siquiera lo recuerdo. ¿Cómo
podría ahora hablar dignamente en una entrevista de ese
código fascista en vigor en Italia, a partir del momento
en que me siento obligado a reprimir en mí el
sentimiento (tan íntimo como poco digno) de ser “un
profeta incomprendido”..?
Únicamente un santo podría
resistirse a una entrevista: pero los santos no son
entrevistados o se niegan a serlo...
2.- Semiológicamente
hablando, la entrevista es un sistema de signos mixto:
comprende los signos lingüísticos orales y los signos
icónicos (presencia física y mínima)...
Sé de estudios de semiólogos americanos
que han intentado restituir a este sistema de signos
mixto su unidad representativa en laboratorio: trabajo
concienzudo en el “campo” año, mes, lugar...
Supongamos el 2 de marzo de 1970, en el autobús que
lleva de una calle a otra en Queen... Diálogo entre la
madre y la hija: “¿Me compras un helado, mammie?”,
“Después, Patty, cuando bajemos”; la niña, al hablar,
hace una mueca frotando su mejilla, de arriba hacia
abajo, tres veces (más o menos, cada cinco segundos),
contra la cadera de su madre que, al responder, saca su
polvera del bolso y se mira en el espejo...
El sistema mixto fónico-mímico, es pues
un conjunto excepcionalmente coherente que no puede
someterse a un examen parcial: es imposible disociar la
palabra “espejo” del gesto de la mejilla que frota,
durante cinco

segundos, el falso abrigo de pieles de la
mujer en el autobús. El fonema sin el gesto tiene un
valor semántico distinto. En realidad, las entrevistas
acaban reduciendo este sistema mixto, fónico-mímico, a
un sistema aislado de signos escritos...
Tengo que hacer
observar de pasada, que no soy napolitano y que mi
mímica está reducida al mínimo. Sin embargo, tengo un
cuerpo y unos ojos; una presencia física, a pesar mío,
muy expresiva. Todo ello queda traicionado por la
entrevista (en primer lugar por la grabación que amputa
su contexto visual, luego por la transcripción que
amputa su contexto fónico)...
Jakobson ha hecho pronunciar
cuarenta o sesenta veces, no recuerdo exactamente, las
palabra “Buenas noches” a un actor, con cuarenta o
sesenta significaciones diversas...
He sostenido, en definitiva, con Jean
Duflot
(5) una especie de duelo a cuchillo, o si se
prefiere, a sacacorchos. Él quería hacerme decir algunas
cosas que yo no quería decir
(6) ...
Y como no supo resignarse inmediatamente,
he aquí que toda la entrevista es una serie de
tentativas más o menos fallidas de volver sobre algunos
temas que nunca tendríamos que haber afrontado...
Hay cosas que únicamente se viven; o bien..., si queríamos
decirlas..., habría sido preciso hacerlo en poesía.
Al corregir las pruebas de estas
conversaciones
(7) he sugerido que se añadiera indicaciones
entre paréntesis: esquemáticas invitaciones al lector a
imaginarse algunas mímicas, algunas inflexiones de voz
(la mía), o al menos a no olvidar la ausencia de esos
dos elementos...
Así como de mi buena voluntad..."
Pier Paolo Pasolini
(Nota
de la Redacción: Finaliza aquí del
texto introductorio y aclaratorio de Pier Paolo Pasolini
a la extensa entrevista mantenida con Jean Duflot en
1970. Siguen las a nuestro oportunas anotaciones de la
redacción a dicho texto...)

Notas de la Redacción
de UCRONÍAS al texto:
(1)
El presente texto fue añadido por Pier Paolo Pasolini a
modo de nota introductoria y/o explicativa al cuerpo del
libro "Conversaciones con Pier Paolo Pasolini", de Jean
Duflot. Por ese motivo, hemos creído oportuno anotar
dicho texto someramente, aclarando algunos puntos que
serían de todo punto obvios para quienes tuvieran en sus
manos la totalidad del texto que se contiene en el
citado libro, pero que creemos que se hacen necesarios
(siempre a nuestro juicio) para aquellos lectores que no
estén ante el texto completo de la obra citada
(2)
Pasolini se refiere aquí con la palabra "conversación" a
la extensa entrevista que conforma el libro
"Conversaciones con Pier Paolo Pasolini", del crítico
francés Jean Duflot, en el cuyo frontispicio
"aclaratorio" el texto aquí ahora publicado figura por
deseo expreso del propio cineasta italiano.
(3)
Se refiere Pasolini a la Italia de ese tiempo, cuando
menos. El libro se publicó en su primera edición el año
mil novecientos setenta en París bajo el título "Entretiens
avec Pier Paollo Pasolini", en la editorial Pierre
Belfond. La edición española que manejamos aquí es la de
la editorial Anagrama, de mil novecientos setenta y uno,
en traducción de Joaquín Jordá.
(4)
Se refiere aquí Pasolini a los numerosos procesos
sufridos por él en los que se le acusó especialmente de
ofensa a la religión y de atentados a la moral,
promovidos por los sectores más influyentes e
integristas de la sociedad católica italiana de la
época. Uno de los primeros y más sonoros, que coincide
en fechas con los quince años atrás de que habla
Pasolini, fue el que se le instruyó a raíz de la
realización del capítulo encargado a PPP del film "Rogopag",
y titulado "La Ricotta". Al que, naturalmente, siguieron
y acompañaron otros muchos.
(5)
Jean Duflot es el autor del libro-entrevista
"Conversaciones con Pier Paolo Pasolini". Duflot, nacido
en el año mil novecientos cuarenta, era a la sazón
(1970) colaborador de publicaciones tales como "Temps
Modernes", "Jeune Afrique", "Quaderni Rossi", "Cinema
Nuovo", "Revolution Africaine", entre otras.
(6)
Pasolini vuelve a hacer referencia a la entrevista que
conforma el libro, ya citada en la nota (1)
(7)
Nuevamente, como se anota anteriormente en (2), (5) y
(6) Pasolini se refiere aquí con la palabra
"conversaciones" a la extensa entrevista que conforma el
libro "Conversaciones con Pier Paolo Pasolini", del
crítico francés Jean Duflot, en el cuyo frontispicio
"aclaratorio" el texto aquí ahora publicado figura por
deseo expreso del propio cineasta italiano.

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