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“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros
que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan
muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan
toda la vida, esos son los imprescindibles.”
(B.
Brecht 1898-1956.
Dramaturgo y poeta
alemán).
La población de Avilés, tiene un gran privilegio: va a
contar en su municipio con la obra más importante de
Oscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares
en Europa. Pero antes de hablar del regalo, que
representa que este hombre done el anteproyecto del
centro y que se construya en Avilés, sería bueno para
todos nosotros conocer a Oscar Ribeiro de Almeida de
Niemeyer Soares en profundidad. Yo salí de Avilés, un
día de esta semana pasada rumbo a Oviedo, para
entrevistar en el Hotel Reconquista a dos de los
miembros del equipo de Oscar Niemeyer. Y ante estos dos
hombres, que lo conocen y que con él comparten
experiencias y valores, surgió una larga entrevista que
se desarrolla en diferentes lugares del planeta, un
entrevista que nos lleva a Río de Janeiro, a Brasil y
que aún están realizándose en el territorio sutil de las
ideas y de los viajes en el tiempo. En principio yo
pensaba que
Oscar Niemeyer,
su nieto y tocayo, me hablase del hombre, del abuelo
marxista. Y que
Jair Rojas Valera,
arquitecto y cercano colaborador, me contase su
trayectoria como arquitecto… Pero como bien dice Oscar,
la distancia más corta entre dos puntos es una curva y
curva fue la trayectoria de mi entrevista. Para empezar
una entrevista lo primero es presentar a mis lectores a
este hombre y a sus circunstancias. Presentar a Oscar
(un hombre profundamente joven en sus ideas y en sus
planteamientos, dentro de un cuerpo humano con noventa y
ocho años de existencia) es hablar de la historia
convulsa y revolucionaria del Brasil del siglo XX. Para
ir entrando en la materia íntima de la persona he
extraído estas frases que ha pronunciado en diferentes
entrevistas y que nos muestran unas pinceladas de un
espíritu libre, comprometido y sincero:
"No me callaré nunca. No esconderé nunca mis
convicciones comunistas. Y quien me contacta como
arquitecto conoce mis concepciones ideológicas. Durante
mis conferencias, siempre he subrayado que la
arquitectura no es lo esencial. Comparen la arquitectura
con la vida, el ser humano, la lucha política, la
contribución que hacemos todos a la sociedad para
nuestros hermanos desheredados. ¿Qué representa la
arquitectura con relación a la lucha por un mundo mejor,
sin clases?"
“Soy una criatura salvaje: juego, trabajo y pienso en la
vida, me gusta pensar, situarme, sentir cómo soy,
reflexionar y sentarme a escuchar música, pensar que la
vida no es fácil, que uno tiene que adaptarse,
manifestarse, decir lo que tiene que decir. Soy un
hombre como cualquier otro.”
“Yo soy radical. Creo que cuando la cosa se degrada, lo
único que se puede hacer es una revolución.”
Oscar dice esto y se queda tan ancho, porque se ha
ganado ese derecho a ser el mismo, a no dar concesiones.
Del primer párrafo uno extrae la conclusión de que éste
es un hombre brutalmente sincero, un espíritu indomable,
comprometido con una ideología más allá incluso de sus
intereses personales y profesionales. ¿Qué cosa hay más
importante para un arquitecto que su propia vocación…?
Pues para Oscar hay más cosas: la lucha por un mundo
mejor, sin clases, e incluso la vida del hombre… es más
apasionante e importante que la arquitectura.
Pero no confundamos prioridades con traiciones. Oscar no
abandona jamás su obra, entregado a su trabajo de
arquitecto, con el que tiene un compromiso que cumple
hasta el día de hoy. Un compromiso incluso excluyente y
posesivo. Un compromiso puro que no le permite hacer
guiños a los críticos para nutrirse de la banalidad de
los consejos bienintencionados… Hasta el día de hoy,
Oscar no lee lo que la crítica dice de su obra.
En la segunda frase, el joven Oscar dice que es una
criatura salvaje sencilla. Y agrega que es un hombre
normal. Y aquí es donde uno se siente tentado a
contradecirle y, es más, a sostener que se equivoca.
Ojalá eso que dice Oscar fuese cierto, y los demás
hombres y mujeres fuésemos como él generosos y
desprendidos, dedicados a pensar y a reflexionar… Pero
la realidad es terca. Mientras este chaval de 98 años es
un ser excepcional, de esos que pertenecen a la dinastía
de los imprescindibles, de los que están aquí para
luchar cada día, aunque él no lo asuma nunca… la
mayoría de nosotros somos unos autómatas del trabajo y
unos acumuladores compulsivos de marcas y propiedades.
En el tercer párrafo Oscar se confiesa radical, porque
piensa que cuando las cosas se degradan hay que hacer la
revolución. Este frase en un chaval de 18 años, no
dejaría de parecernos una apasionada declaración de
intenciones que la vida y la madurez irán matizando y
descafeinando. Pero en boca de un hombre de 98 años, que
ha conocido los sucesos que han marcado los momentos más
trágicos y los más dulces de nuestra historia, creo que
sólo puede tener una interpretación: esto, es cierto.
Es cierto porque lo dice alguien que está metido en el
ojo del huracán, promoviendo el cambio, involucrado,
comprometido hasta las cejas en las dinámicas sociales
(parafraseando a
Trotsky)
en la revolución permanente y necesaria, para que
no se vuelva institucional y mansa, como sucedió en
México con el
Partido de la Revolución Institucional,
el PRI.
Oscar no entra en los bares de Asturias. Pero si lo
hiciera podría escuchar las verbalizaciones de nuestros
deseos. Las más comunes son esas ansias por cumplir los
60 años, para jubilarnos, para dejar de trabajar, para
no dar un palo al agua y esperar a la dama descarnada
sin hacer nada. Y cuando eso sucede en un ser humano,
cuando una comunidad entera, sólo espera la muerte en
inactividad, algo malo está degradando a esa misma
sociedad. Y. entonces, este joven de 98 años, nos dice
que es el momento necesario para hacer una revolución.
¡Hagámosla, coño!
Oscar en su obra ha intentado siempre, a través de un
enfoque humanista, encontrarse con la belleza en un
ejercicio estético de libertad. Con esta trilogía, crea
una arquitectura revolucionaria, luminosa y sencilla,
que procura eludir el facilismo de las rectas, y dibuja
sus mimbres con las entrañables orgánicas y sinuosas
curvas. Oscar es joven tiene esa fuerza bestial e
imparable de los creadores que innovan. El diseño del
Centro Cultural de Avilés es el de un conjunto de
edificios y plazas sencillos, como él, equilibrados y
minimalistas, sinuosos y curvilíneos, como las olas,
como las serpientes de colores, y como las caderas
fértiles y musicales de las garotas de Ipanema.
Otra característica sorprendente de Oscar es que no le
atrae el dinero. Nosotros los descendientes de una
cultura de peseteros (me refiero a los conquistadores
españoles, a los veedores, oidores, encomenderos,
tratantes de esclavos y mercaderes que asolamos y
despojamos América, de cuanto en ella había de riqueza
material) nos sentimos incómodos ante un hombre que no
quiere al oro. Oscar desprecia al dios del
neoliberalismo, al motor de esta sociedad, no le
interesa el dinero, más que para comprar sus necesidades
básicas y mínimas.
Y desde esa posición moral de absoluto desprendimiento,
nos ha regalado a los asturianos el anteproyecto de un
conjunto arquitectónico bello, singular y magnífico. Es
más por llevar a buen puerto el proyecto va cobrar,
bastante menos de lo que el “libre” mercado estipula,
siempre según los baremos de los colegios de arquitectos
de Europa.
¿Qué razón subyace en este gesto? Es tonto, padece la
tontería de los contaminados, de los puros o de los
libres de las trampas del mercado, de los que Sabina
llama los tontos por cierto. Este bendito laico,
entre todos los que ejercen cualquier profesión, lo hace
por compromiso social y por el amor a la humanidad, con
su estremecedora delicadeza marxista de noventa y ocho
años de trabajo.
Este hombre que dice que necesita trabajar para poder
vivir, nos da un ejemplo valioso… cuando todos en
Asturias y España andamos con la angustiante premura de
llegar a apalancar fondos para la jubilación anticipada.
Cuando Oscar empezó su profesión allá por la mitad del
siglo pasado, hizo una ciudad entera en medio de la
selva. Lo hizo antaño, cuando el mundo aún tenía
esperanzas, antes de las dictaduras americanas made in
CIA, cuando aún soñar era posible. Lo hizo con respeto y
concentración, con dedicación y compromiso.
Oscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares, se llama
así por cariño con su linaje, y nos ha regalado a los
avilesinos una semiesfera blanca, un cilindro con
escaleras en espiral y una ola. Pero… ¿qué cosa es una
ola? Un montón de gotas de agua, que de pronto se mueven
en un mismo sentido, con más o menos uniformidad, pero
con mucha coherencia ideológica… y así, de pronto,
tenemos la ola. La ola es una movilización con cierto
grado de coherencia, de identidad, de destino, de
tendencias y corrientes. Me encanta que Oscar nos haya
regado su ola. Y es tal el valor del legado, que casi
comporta el terror intrínseco de no merecerlo, el vacío
de no saber como corresponder a tanta generosidad.
Pienso que una forma de corresponderle sería conocerlo
mejor, preocuparnos por saber quién es este hombre,
quien es este arquitecto, quién es este pensador que
fabrica esculturas arquitectónicas, con tales cargas
conceptuales.
Como es sabido, parte de su equipo estuvo estos días en
Avilés. Y volverán. Estarán entre nosotros durante
muchos meses, quizá un año, convivirán con las ninas y
los ninos. Su nieto Oscar Niemeyer y el jefe de diseño
de su estudio Jair Rojas Valera, han esquivado polémicas
y chácharas, son gentes de trabajo, sencillas y serias.
Estuvimos con ellos en el Hotel Reconquista. Los
pastoreaba un arquitecto llamado Mario, que había
trabajado en Avilés… y que evitaba que fueran víctimas
de encerronas mediáticas, o políticas. No era esa
nuestra intención, y respetamos su silencio. Les
entregamos un pequeño presente para el generoso creador:
la reproducción en plata de la piedra laberíntica del
príncipe Silo, simbólico y sencillo de los muchos
secretos que encierran las palabras, para uno de los
genios de la arquitectura del siglo XX. Durante la
reunión establecimos el acuerdo de enviar el texto a
Brasil, y unas preguntas que Oscar contestaría. Cuando
tengamos esas respuestas aparecerán aquí, en
El ParcheDigital.
Cuanto más conozco el compromiso político de Oscar, más
cómico me parece el alcalde de Oviedo, Gabino de
Lorenzo, reclamando desde las catacumbas de la
ultraderecha cavernaria, que el edificio de un comunista
de tomo y lomo se asiente en la vetusta y aburguesada
capital de Asturias… Tal vez porque Gabino no sabía ni
quién es Oscar.
Oscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares es un
marxista convencido y comprometido, que nació en Río de
Janeiro en 1907. Se graduó en la
Escola Nacional de Belas Artes
de Rio de Janeiro en 1934 y en 1940 conoció a
Juscelino Kubistchek
alcalde de la ciudad de
Belo Horizonte,
quien luego llegaría a la presidencia del país, y un
hombre cuya influencia y apoyo fue crucial en la obra de
Oscar.
Juscelino entonces le invitó a diseñar una iglesia y un
casino a orillas del
Lago de Pampulha.
La belleza, el humanismo y la libertad que expresó Oscar
Niemeyer en aquella pequeña iglesia, en honor a
San
Francisco,
le dio fama en todo el país. Irónico que la obra de un
marxista con la que inicia su carrera profesional sea un
edificio religioso… si bien es cierto que San Francisco
debe ser el más marxista de todos los santos. El
interior de la iglesia está decorado con azulejos y
frescos del artista
Cándido Portinari.
Años después, el casino fue transformado en el
Museo de Pampulha,
y dedicado a la difusión del arte contemporáneo.
A
principios de los 50, Oscar
conoció al arquitecto, pintor y teórico franco-suizo
Charles Edouard
Jeanneret, más
conocido por su sobrenombre de
Le Corbusier,
con quien inicia un período como colaborador que
fructifica en 1952 con la elaboración del proyecto del
edificio principal de las
Naciones Unidas
en Nueva York.
En 1956, participa junto con el urbanista
Lucio Costa
en un concurso público, por iniciativa del entonces ya
presidente Kubitschek, quien era un destacado impulsor
del desarrollismo, y quería construir una nueva capital
en el centro del país. Ganan el concurso para el diseño
de lo que después sería Brasilia, la capital
administrativa del país. Una de las obras de
arquitectura urbana y administrativa, más importantes
del siglo por su modernidad, sus dimensiones y su
belleza. Aunque… Oscar en su primer viaje a la zona
realizado en helicóptero, confiesa que no se sintió
atraído por la idea de construir una ciudad en medio de
la nada, o mejor dicho de la selva.
Brasilia fue probablemente el mayor reto profesional de
su carrera. La capital fue inaugurada cuatro años
después, el 21 de abril de 1960. Durante todo el tiempo
que duró la obra, Oscar no aceptó cobrar los honorarios
estipulados, que eran un porcentaje del monto de la obra
según establecía el colegio de arquitectos de Brasil.
Sólo aceptó un humilde sueldo de funcionario, que
percibió durante todo el tiempo que trabajó en medio de
la selva, durmiendo en un barracón, acosado de mosquitos
y de todas las incomodidades imaginables. Incluso el
presidente del país enterado de esta situación le
encargó diseñar el edificio del banco central de Brasil
y le dijo le pagaría tal y como estipulaba el colegio de
arquitectos brasileiro, a lo que Oscar se negó… y diseñó
el edificio por el mismo sueldo de funcionario que ya
cobraba.
Sus obras más espectaculares en la ciudad, sin duda, son
el
Palacio Alvorada,
residencia oficial del Presidente de la República; el
Palacio Itamaraty,
sede de la cancilleria; el
Congreso Nacional;
el
Palacio del Planalto,
sede del Ejecutivo; y la sede del
Supremo Tribunal Federal.
En 1962, recibió el encargo de organizar una facultad de
arquitectura en la recién creada
Universidad de Brasilia
(UnB). Pero entonces… sucedió algo en Brasil, que
interrumpió su trayectoria profesional y cambió su vida.
En Brasil sucedió lo que se llama un golpe de estado
militar financiado por fuerzas extranjeras. Los
españoles sabemos de eso, hemos tenido la experiencia
del 36 con nuestra Guerra Civil, por los mismos motivos,
los militares bajo la amenaza de un giro a la izquierda
del gobierno de la II República española, dan un golpe
de estado apoyados por Hitler y Mussolini, todo por el
bien de la democracia y luego implantan una
dictadura.
En Brasil
Janio Quadros,
había ganado las elecciones de 1960. Cuadros era un
político singular que incluía algunas reivindicaciones
propias del movimiento obrero. Fue nombrado
vicepresidente
Joao Goulart,
que se postuló por el
Partido del Trabajo,
al que pertenece el actual presidente
Lula,
y quién durante décadas había sido el principal artífice
de la política laboral del movimiento obrero del
presidente Vargas.
Quadros pretendía barrer la corrupción y la ineficiencia
de la burocracia estatal, pero obtuvo sus mayores éxitos
en el campo internacional, con su política de
neutralidad en el conflicto que Estados Unidos provocó
por su afán de intervenir en Cuba en un acción bélica
contra
Fidel Castro.
Esta posición le valió la condena y la suspensión de la
ayuda económica de los Estados Unidos. A los siete meses
de gobierno renunció de una forma inesperada y
misteriosa, algo que nunca fue suficientemente
investigado. Goulart, ocupó la presidencia. Pero Goulart
era visto como un peligroso radical izquierdista por los
militares (algo que también a los españoles nos puede
resultar muy familiar), y es acusado de querer arrastrar
al país hacia el comunismo. Pese al fuerte respaldo
popular, no puede desarrollar su programa por la
oposición del Congreso.
En marzo de 1964, Goulart decidió impulsar la reforma
agraria sin indemnizaciones, la nacionalización de
algunas refinerías de petróleo, la concesión del derecho
a voto a los analfabetos y la legalización de todos los
partidos políticos, incluido el
PCB.
Esta situación provocó que las fuerzas de la derecha con
los militares a la cabeza, apoyados por la alta
burguesía y la iglesia, se alzaran contra el gobierno de
Goulart, acusándolo de querer instaurar una dictadura de
izquierdas. Se hacen con el poder y Goulart es condenado
al exilio, como muchos otros brasilerios.
Estos episodios cruentos, que dejaron miles de víctimas,
por los que no se preocupan demasiado los que apoyan las
intervenciones de USA en Irak y otros países, eran los
intentos por cambiar la voluntad democrática de los
pueblos de Latinoamérica. Estados Unidos de Norteamérica
nunca dudó en brindar su apoyo financiero, militar y
diplomático, para financiar golpes de estado y derrocar
gobiernos elegidos democráticamente, para instaurar
gobiernos títeres, acordes a sus intereses petroleros,
mineros y empresariales, mientras hipócritamente se
autoproclamaban los defensores de la democracia.
Así sucedió en Argentina, Chile, Bolivia, Nicaragua,
Guatemala, Panamá, Granada, Haití... Detrás de estos
generales golpistas estaba la mano que mecía la cuna del
totalitarismo, y esa mano era la de los partidos
conservadores de derechas norteamericanos.
De esas aguas vienen estos lodos. De la represión y la
persecución política que sufrieron los demócratas,
socialistas, comunistas y liberales de Brasil surgieron
exilios y oprobios vergonzosos… como el de Oscar Ribeiro
de Almeida de Niemeyer Soares, a quien incluso fue
negada la entrada en los Estados Unidos de Norteamérica,
el país de las libertades, por pensar diferente.
(Nota:
El presente artículo de Omar Fernández Ramos fue
publicado anteriormente en el semanario de información
general El PARCHEDIGITAL en la primavera del pasado año
dos mil seis. Se publica ahora en UCRONÍAS en su
redacción original con que salió publicada entonces.)

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