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Tellado: el artista modelador de la forja  

   

Las obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. No conozco otro criterio”, Antón CHEJOV). Quede constancia de que este Tipógrafo del Far West suscribe totalmente esta sentencia del dramaturgo ucraniano Antón Pavlovich Chejov, gran  persona, dramaturgo y maestro del cuento; gran valedor y representante del naturalismo moderno.  Quede constancia, en su memoria... Avelino Tellado García, el artista modelador en forja, de Ponteareas (Pontevedra)  -con justicia también se le llama escultor, aunque hay quien dice de él que es un buen artesano-, nacido en 1932 en un pueblo de ese municipio llamado Fozara, y desplazado hasta Avilés más tarde, corriendo el año 1955, la tierra prometida por aquel entonces para muchos allende las fronteras asturianas, acuciado por la necesidad de trabajar para entretener el estómago, él y los suyos, se dispuso a ejercer para una empresa de contratas como ferrallista en las obras ya comenzadas de la extinta ENSIDESA. Continuó forjándose en los talleres y aulas de la Universidad Mundanal. No en vano su arte sería luego el modelado en forja. Él cree que todo arte es un relato sobre la felicidad de existir, aunque sea arte trágico. Por eso su espíritu genitivo y su forma de ser se asientan en su inspiración e instrucción práctica callejera más que académica. 

Sus prácticas y estudios superiores los cursó en esa misma universidad callejera trabajando en el oficio de  ferrallista en Ponteareas y luego en Avilés, o donde hubiere lugar para ganarse el pan de toda la familia. Sus conocimientos le pertenecen a él, no emanan de ningún ilustre maestro proveniente de escuelas superiores o universidades de aquí y acullá, de la escultura u otro arte académico; es un  autodidacta que cuando se toma un descanso se pasea meditando, pareciendo cabizbajo, ensimismado; pensando siempre cuál va a ser su próximo trabajo, su obra venidera, y cómo

la acometerá. Es su estro. Es dueño, amo y señor de su privilegiado cerebro y diestras manos, a los cuales obedece sin estudios previos secundarios tan siquiera;  es   --dicen de él también--  un artesano de la forja, taracea, asta, latón metal, y todo material que se le  ponga a tiro. Hasta la piedra conoce su arte. Aunque, para este humilde Tipógrafo del Far West,  que lo conoce desde tiempo ha,  es un ARTISTA de los mejores que pasaron por estos lares.

Y no se trata aquí de infravalorar a los denominados artesanos inferiores que se pasan la vida intentando también  ganarse “la pela”; o de menospreciar a los que se pasan años sacrificándose haciendo estudios superiores y prácticas en escuelas superiores por todo el orbe para luego producir obras de escaso o nulo valor artístico. No hay que olvidar que muchos de los que consiguen un título universitario, para lo único que les sirve luego es para colgarlo en el salón de su casa, bien visible, o para captar influencias y conseguir un puesto de trabajo de chupatintas de tercera en la administración pública, o en una gran empresa privada desempeñando una labor que no tiene nada que ver con sus conocimientos académicos. Una pérdida de tiempo, de esfuerzo económico familiar y, cómo no, del erario público.    

A Tellado nunca se le ocurriría la absurda idea de compararse a los toscanos Miguel Ángel o Leonardo da Vinci; tampoco al coetáneo de éstos, el palentino Alonso Berruguete; ni mucho menos a los vascuences españoles Eduardo Chillida o Jorge Oteiza, u otros tantos. Todos distinguidos con gran reconocimiento mundial por sus obras de arte, o por ser discípulos de grandes maestros, o por  formarse en grandes escuelas y universidades. Este artista de la forja, asta, taracea y todo lo que se le ponga al alcance de sus manos no está curtido en ninguna universidad o escuela-taller superior,

con maestros también de renombre internacional. Está muy conforme dónde y cómo se curtió en los saberes y prácticas de su arte con la forja. Se siente a gusto con lo que hace. No ambiciona estar dentro de un círculo de grandes del arte ni ser como ellos. Sus ambiciones están colmadas. Ya no tiene tiempo para más.

Su trabajo se centra en la forja, pero también tiene experiencias muy importantes en el trabajo con la taracea y el asta. Con la piedra y la madera tiene muy poco, pero algo sí tiene. En realidad, todo eso, su capacidad genitiva y sus conocimientos los puso en práctica corriendo el año 1962, trabajando ya en Ensidesa. Sin estudios previos de dibujo, pintura, delineación, ni tan siquiera algún curso de oficialía en Maestría Industrial.. Pero, honradamente, uno piensa que con ese cerebro para pensar y poner en práctica todo lo que hace, ¡maldita la leche que dieron a los estudios que a tanta gente vuelven locos!. ¿O no..?.  Porque...¿no hay muchos con títulos universitarios que no les sirven para nada, sólo pa fardar?.

Avelino Tellado García ha realizado en los últimos años obras  como la gran cruz de la fachada de la iglesia de San Pablo de La Luz, en el barrio de su mismo nombre; en la Biblioteca Pública del barrio de La Luz también podemos contemplar una escultura, igualmente en forja, en tamaño natural, dedicada a Enrique Fernández Fernández, el que fuera anterior presidente de la asociación de vecinos y gran reivindicador de las obras de las infraestructuras actuales del barrio, pero que en este caso la escultura está más bien dedicada al Enrique luzero, promotor y director de Los Luzeros   --la charanga Los Luzeros la escriben ellos con zeta en vez de con la ce, porque la refieren al barrio de La Luz--;  en la parte alta del barrio, en la fachada de una sidrería, tiene este artista dos relieves en forja, a tamaño natural: un escanciador de sidra y un mayador de manzana.

Y si Dios quiere, ¿..?, dentro de poco, Tellado se pondrá en la labor de hacer una lámpara en forja para la iglesia de San Pablo de La Luz.  Parece ser que el comienzo de la obra depende del cura del barrio y que tendrá unas dimensiones aproximadas de un metro de diámetro por uno y medio de altura que abarcará focalmente todo el altar y el presbiterio.        

Aquí sólo le conocen unos pocos avilesinos y toda la colonia gallega. Los que saben de él y de su obra pudieron admirar también su arte en su Galicia natal, además de las producciones mencionadas anteriormente en estos lares de La Luz. En los primeros días del mes de septiembre del año de 2003, en Ponteareas (Pontevedra), se pudo disfrutar de una de sus muchas exposiciones en el Pazo da Música basada en temas tan diversos, incluidos los dedicados al fútbol. En el Museo Municipal de Ponteareas,”Reveriano Soutullo”, se pudieron ver expuestas sus obras, algunas de éstas adquiridas para hacer un viaje a Alemania sin retorno. En la sala de exposiciones del Pazo da Música destacaron cuadros en forja como “Trabajando el lino”, “Sachando el maíz”, ”Cesteiro”, “Bodega”, “Cruzando la pradera”, “Barco”, etc.. También ha realizado varias exposiciones en la Feria de Muestras de Asturias, Caja de Ahorros de Asturias y una Exposición Itinerante de su obra por toda España. Las obras de hierro forjado son las más costosas en tiempo y material, aunque también destacan obras menores de gran valor artístico. 

Además de las grandes composiciones de hierro, también tiene mobiliario en forja: mesas, cabeceros de cama, pies de lámpara o paragüeros que ya han sido vendidos. Pero sus obras estrella son “El Cesteiro do Pe do Muiño”, “El Gaiteiro de Fozara”, “El Cazador de Teutón”,  “El Luzero” ya citado (ubicado en la Biblioteca pública de La Luz) y la cruz de la Iglesia de La Luz, también citada anteriormente, todos a tamaño natural. Ha forjado hasta a don Pedro Menéndez y don Pelayo, entre otros, a tamaño reducido.  Y otros más, obviados, pero no olvidados, porque están en otros países. Sería muy largo y

arduo exponer aquí toda su obra. Pero hay una pequeña obra que llama la atención: Don Quijote y Sancho Panza, en forja, que se los llevaron para su país unos alemanes.  Un búho y una cabra hechos con tornillos; la forja también del urogallo, pavo, cocodrilo, puñales, apliques, mesas, mobiliario en forjado para comercios y cafeterías, lámparas, y un largo etc. que llevaría mucho más texto exponerlo todo aquí. La gran mayoría de las piezas vendidas y de difícil localización.

La afición de trabajar en hierro, asta y taracea la comenzó Avelino Tellado a desarrollar en el año 1962. Desde entonces ha realizado varias exposiciones, destacando la de la Feria de muestras de Gijón, la de la Caja de Ahorros de Asturias y una exposición itinerante de su obra por toda España. En los últimos años ha realizado, además, varias esculturas en hierro ubicadas en las cercanías, como un cesteiro en Pedo Muiño-Riofrío, un gaiteiro en Fozara o un cazador en Toutón.  Tellado, gallego pues de nacimiento, vive en Avilés desde hace muchos años. Aquí desarrolló su carrera como escultor. Todo comenzó en el año 1962 con un pequeño cenicero. Luego, le han seguido grandes obras de arte. De sus inicios en el mundo telúrico de la escultura ha dicho él mismo: “En el año 62 empecé a trabajar a turnos, por lo que tenía mucho tiempo libre. Mi tío hacía peces con astas, y un día me dije a mí mismo que yo también podía hacerlos, así que me puse a ello. Lo primero que hice fue un cenicero de forma. En asta lo primero fueron peces que me salían bastante mal, pero a base de practicar fue mejorando. Lo que nunca hice fue ir a una escuela”.

Sobre sus preferencias y sus métodos a la hora de trabajar, esto: “Lo que más trabajo es la forma, es lo más cómodo y fácil de conseguir. Utilizo llaves, herraduras, cuchillos, todo ello soldado entre sí. La tareacea es muy bonita, pero difícil de obtener porque es un material árabe. Además da mucho trabajo y requiere demasiado tiempo. Es muy difícil de darle forma  al hierro, hace falta mucho esfuerzo y más si no se trabaja con fragua. El hierro caliente se trata bien, pero en frío es complicado, hace falta un poco de técnica y habilidad, como ocurre con todo, y especialmente con la artesanía”. Tellado entiende el por qué de su trabajo de la siguiente manera: “Normalmente trabajo porque me aburro, es una forma de matar el tiempo libre. Pero también he decorado un bar en Oviedo y cuatro tiendas. Actualmente también participo en la decoración del interior de otro bar. He realizado una barra con cadenas de hierro, lámparas de chapa con forma de

plato o de teja, se trata de una decoración muy original y poco vista”. Y se le puede escuchar decir, a propósito del “motor” de su trabajo lo siguiente: “La cruz de la Iglesia del Barrio de la Luz, en Avilés, por ejemplo… Cuando retiraron la vieja cruz, por el peligro que corría de venirse abajo, me pareció que el templo así, sin la cruz, y más que una iglesia, parecía cualquier otra cosa, un polideportivo, por qué no... Me ofrecí para hacer una nueva de forma desinteresa, el cura lo mentó en el Arzobispado y allí aceptaron… Otros trabajos… por ejemplo, la Reina Urraca, para el castillo de Villesabroso, en Puenteareas, de donde soy yo. También para el museo de esta localidad de Pontevedra, un San Martín a caballo de grandes dimensiones”.

Uno cree que es una gozada tener como vecino a un artista como Tellado. Sí, es un orgullo para todos los vecinos de La Luz que han visto crecer su obra con el paso del tiempo. A través del tiempo que este barrio lleva en pie, desde el año 1962-63-64, han admirado a este hombre sencillo, pero de grandes inquietudes artísticas que, sin estudios específicos al respecto, ha dejado a más de uno boquiabierto con sus obras. Sería injusto no reconocerlo.

 

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 Isidro Suárez
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