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He de decirte,
amigo,
que me pesan los minutos
como miles de litros de
silencio,
y te entiendo
cuando hablas de apearte
y detener el viaje.
Y he de decirte,
amigo,
que veo como tú el túnel
largo y oscuro
del que nunca
acaba
de salir el tren
en que viajamos sin billete
propio.
He de decirte,
amigo,
que tengo miedo, pavor a la
salida
del túnel y a saber
del todo
lo que ahora sospechamos,
que no hay nada.
Pero he de decirte,
amigo,
que viajamos de la nada a
ningún sitio,
solos,
sin permiso ni billete,
condenados a ver pasar
por los cristales del vagón
eso que llamamos vida.
Y he de decirte,
amigo,
que ni tú tan siquiera
existes,
que te he inventado yo
en lo más profundo
de mi viaje,
en la soledad absurda
de mi túnel por tener
siquiera a quien contarlo.
Y, si ni tú siquiera
existes,
¿qué hago
yo
agarrado
a un bolígrafo Dupont negro
de tinta azul
que viaja
sin permiso
por
la nada blanca
de un papel cuadriculado...?
O, lo que es peor aun,
amigo mío de mis soledades,
entre
las que voy,
y vengo,
y viajo...,
¿qué espero?
¿Habremos llegado
al punto bodeleriano
en que
la esperanza,
vencida y derrotada,
llora
sentada sobre un raíl,
al tiempo
que la angustia, despótica,
clava su negra
bandera de victoria
derrotada
sobre nuestra inclinada
cabeza?
Otra vez he de decirte,
amigo,
que me pesan
los minutos
como
miles
de litros
de silencio,
y te entiendo
cuando
hablas
de
apearte...
...........
........
.....
...

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