|
Es una casta nueva. Son los
integrantes de ese Mester de Clerecía nuevo que ha dado en
cobijarse bajo la etiqueta ambigua de "progresía". Estos nuevos
clérigos, sacerdotes del nuevo-viejo poder eterno, celebran la
ceremonia de la confusión cada día, y especialmente en período
electoral. Son clérigos laicos, claro, como cabe esperar de su
condición de pseudo-gnósticos sectarios de una cierta forma
interesada de entender el carácter de lo laico. Cantan, unos,
escriben otros, hacen cine aquellos, pintan algunos,
conferencian en verano casi todos, "pasean en corte" por los
cómodos pasillos del poder los más... Son el nuevo y falso
Mester de Clerecía, digo, que han olvidado (o errado) oficio y
destino; y se han puesto al servicio del único señor posible en
su corto margen de pensamiento libre, el más fácil de todos, el
menos heroico: el dinero. Ellos, que se cobijan bajo decorados
de heroísmo cada día.
Los
conocemos todos. Y a todos. Pues los grandes monopolios
de la información y la cultura los meten en nuestras
casas todos los días. Están en los megagrupos
editoriales, en la televisión pública monopolizada por
el gobierno de turno, en los diarios punteros con
ínfulas de ejercer de monopolio fáctico, en los
encuentros llamados cÍnicamente "culturales", en los
fastos y fiestas del poder... mientras manifiestan -eso
sí- ser ellos (ellos solos y antes que ningún otro)
los paradigmas del
contrapoder y la rebeldía. Los nombres sobran, pues no
habría sitio en esta columna para lista tan larga. Lista
que no es precisamente la lista negra del macarthismo...
antes al contrario: la de los nixons y los macarthies...
Sus sueldos, bordean el escándalo, a menudo. Y a menudo
también esos sueldos proceden por diferentes vías de las
arcas comunes, del saco colectivo de nuestros sudores...
es decir, ¡de los presupuestos generales del estado!...
Sus saberes y artes... están a menudo por ver. Sus fines
declarados, conquistar a la audiencia, meter en un (su)
puño alquilado a la masa lectora (y electora),
magnetizar al ciudadano despistado, conquistarle para el
buen camino y la sagrada causa... Su fin oculto, empero,
es servir a la voz de su amo, que le manda hacer ruido,
mucho ruido, el más que puedan... a fin de que el
personal mire para otro lado, y mientras el gran negocio
del poder (privado, que el poder siempre es privado)
sigue creciendo a nuestra costa.
Lo progre es
hoy toda una teoría del poder. Y a la vez, una forma
absoluta de entender el poder. Pero también una manera
falsaria de ejercer el poder. Y una forma, como no, de
acceder al poder... Lo progre, constituye hoy un
anestésico potente y efectivo para-contra el notable y
peligroso vicio de pensar... en libertad.
La
progresía, concebida tal y como se hace en España hoy,
pretende transformar/rebajar/devaluar el debate
intelectual y político (donde se encuentra, si se
encuentra en algún lado) hasta convertirlo en un
conflicto permanente entre el interés (el suyo, puro y
duro) y la razón, entre la verdad y el miedo a decirla
en alto. Entre, al fin, la Libertad... y las otras
sustitutas, pacatas y jibarizadas libertades otorgadas.
El
periodista Enrique De diego en su libro "Los nuevos
clérigos", ponía no ha mucho y descarnadamente ante
nosotros la realidad de nuestros propios fantasmas
pseudoizquierdistas, o sedicentemente izquierdistas, mal
llamados progresistas. Su libro muestra, para quien no
quiera seguir ciego (si se ha estado), la verdad del
panorama conformado por un grupo de gentes aupadas en
las cimas del poder intelectual, cultural y social...
que lejos de constituir una Orden de Caballeros
monjes-guerreros, templarios de la cultura y la libertad
de pensamiento... han devenido en una panda de mezquinos
mendicantes sin orden.
Ante esto,
sólo caben dos posturas: mirar, o cerrar los ojos. Que
cada cual, de acuerdo a su conciencia y según sus
intereses (más o menos claros, más o menos legítimos),
escoja.
La realidad,
delatora de nuestra propia y deformada imagen, nos
reserva a veces estos sustos. ¡Quién nos iba a decir que
nuestros punteros del gauchismo más acendrado, habían
sido, son (y serán, sai los dejan) colaboradores a mesa
y mantel de los más ensoberbecidos terminales del poder
económico español...! Pues lo han sido, lo son y lo
serán, sí. ¡Quién nos juraría sin creerlo casi nadie que
incluso estas gentes que tan fervorosamente denuncian (ycon
razón "objetiva", se diría) ahora el franquismo...
fueron fervientes servidores-delatores del régimen!
Pues lo han sido.
En fin,
arrepentidos quiere dios. Aunque, bueno, tampoco hacía
falta tanto ardor mercenario contra todo infiel y/o
hereje de la oficialista religión progre, la suya y en
la que ellos celebran y comulgan todos los días. Estas
cosas pasan, claro, por practicar impunemente la fe
exagerada del converso.
Y ahora,
ante la evidencia de unas páginas... que algunos siempre
quisieran en blanco, borradas, "pasadas", no leídas y
olvidadas... y que les coloca a las claras con su
democrático culo político e histórico al aire... sólo
caben dos salidas: O negarlo todo, o hacer
goebbelsianamente bueno lo malo del pasado propio, lo
propio del pasado malo. O sea, un negar rotundo, total,
sin quiebras ni fisuras o misericordia... o, en su caso,
abundar en ello recreándose en la suerte, y ¡ancha es
Castilla para el Cid. Exhibiendo, eso sí, la sagrada
bula (laica, clara) otorgada por los popes de la secta
progre; papel-vacuna que les exime (y solamente a ellos)
de la responsabilidad de su turbio pasado. El mismo
pasado turbio, por cierto, que les sirve de munición
para el resto. O más turbio aun. ¡¡Joder, qué tropa!!
España es
país de grandes conversiones, de conversiones en masa,
atropelladas, falsas las más de las veces. España es al
tiempo país de eternas claudicaciones, de claudicaciones
generales, colectivas, siempre inexplicadas,
inexplicables, esotéricas. España es país de grandes
contradicciones... Lo sabemos. Eso nos hace ser como
ahora somos. Y eso ha hecho históricamente que
existieran los heterodoxos, los de verdad, los "blancowhite"
de la heterodoxia real y absoluta. Por ellos, con ellos,
gracias a ellos, avanzamos. Ellos son progreso... no
toda esta basura pseudointelectual llamada progresía,
vividores del cuento y sin cuento.
Algunos de
esta grey clerical esencial y básicamente despreciable,
hoy pero desde hace ya tiempo, han decidido hacer tabla
rasa de su (el de ellos) oscuro pasado. Negarlo.
Esconderlo. Mutarlo. Pintarlo. Maquillarlo. Censurarlo.
Olvidarlo. Borrarlo.
Es esa,
empero, tarea ardua y difícil, pues los cadáveres de la
historia y la razón siempre son devueltos por las aguas
en que se les quiere sepultar por siglos. Aunque
cuentan, eso sí, con potentes plataformas (mediáticas,
añadirían algunos) de aplastamiento y olvido ampliamente
experimentadas, muy duchas en el ejercicio del
exterminio y la eliminación intelectual. Eso sí, casi
todas bajo la etiqueta de "diario independiente". Desde
ellas, desde el pais (sin acento y con minúscula)
se aplican cada día y a conciencia en encantarnos,
conducirnos, amansarnos, ilusionarnos, sugestionarnos,
alienarnos, engañarnos, hechizarnos, adormecernos...
El fin
último, repito, es el disimulo. Y no hay mejor forma de
disimular lo propio que hacer como ese pájaro tan cuco
que pone los huevos (sus intereses, a fin de cuentas) en
un nido (el suyo... un banco, mismamente), y canta
exageradamente la puesta falsa en otro nido ajeno. Para
despistar...
Hemos de
romper una lanza quijotesca en pro de deshacer (o
intentarlo, al menos) equívocos, ideas falsas y clichés
interesados: los propalados por este nuevo mester de
clerecía que sirve solícito y se beneficia eficaz del
poder... de cualquier poder. El primero, y principal:
ser 'progre', no significa necesariamente ser de
"izquierda". Tampoco serlo de "derecha", no se crean.
Ni... tampoco de "centro". Ser 'progre', a fin de
cuentas, ¡¡no viene a significar nada!!
Pero es
precisamente esa nada absoluta la que hace de esa
palabra-idea (acuñada definitivamente a estos fines a
sangre y fuego en y durante nuestra transición política
de los setenta), el logotipo perpetuo de una vacua y
desnuda ambición de poder. Y que algunos entienden de
izquierda. Eso, y nada más, es ser progre. Hoy y en este
país que llamamos España.
¡¡Nazi,
fascista!!, gritó desaforadamente el progre... mirándose
al espejo, aquel día feliz en que comenzó a odiarse...

|