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Dejen que les
cuente una historia. Es de gente que muere y de gente que mata.
Es, pues, una historia de muerte. Verán, sucedió… da igual,
sucedió en un pueblo cualquiera de España. De la España del
desarrollo, la renta per capita alta, la España europea
por los cuatro costados, la España preñada de talante… menos de
cintura para abajo, claro, que los cuernos -en el país de los
toros- son sagrados...
Pero,
empecemos a contar. Es un tipo. El tipo tiene licencia de armas.
Y una escopeta. Es cazador experimentado. El tipo se ha vuelto
loco, o así. Está a tratamiento psiquiátrico, por depresión.
Nadie le ha guardado a buen recaudo su escopeta y sus cartuchos
durante su locura temporal, o lo que sea eso que le ha pasado...
El
tipo tiene cuarenta años, está casado con una señora
coja que vende el cupón, y tiene dos hijos. Se ha
empeñado en que su mujer le engaña con uno que conoció
en internet. Dice que ella se quiere divorciar; de él...
Aguerrido, el tipo agarra su escopeta, la misma que
nadie le ha quitado mientras está algo loco, o así.
Dispara. Un vecino llama. Acude un policía municipal. El
tipo sale al balcón y le mata nada mas salir de su coche
policial...
El
cuerpo del policía estará seis horas tirado en la calle,
pues el deprimido cazador dispara contra todo lo que se
mueve...
Lo que
se mueve son, por ejemplo, dos guardias civiles heridos
con la escopeta del loco, o lo que sea. Una noche
entera, el deprimido cazador mantiene a la policía y al
vecindario en jaque, bajo el varonil y liberador fuego
de su escopeta. Que nadie le ha retirado, al comenzar su
tratamiento psiquiátrico...
Ya se
sabe: la escopeta es la prolongación mortal de la
incapacidad de los impotentes...
El
tipo, dice que está dispuesto a todo, y que si ha matado
al policía, ha sido por amor. Y que si sale de allí, su
casa que comparte con la vendedora del cupón, será con
los pies por delante. Pide que se lea un mensaje por la
radio, en la que el loco cazador deprimido culpa de todo
a la Seguridad Social, por no dispensarle bien el
tratamiento psiquiátrico...
Leen
el absurdo mensaje. Y el tipo se entrega, bien vivo y
coleando. Ya pueden recoger al poli muerto...
El
poli muerto tenía cinco años menos que el loco cazador
deprimido. Cumplía con su trabajo. Y no podrá culpar a
nadie de su muerte, porque, claro, él ahora está muerto.
Deja una mujer y una hija huérfana de padre...
Las
neofeministas no se manifestarán por esta muerte “por
amor”, pues el muerto no ha sido... del género adecuado.
La
televisión se ha ocupado, y mucho, del problema del loco
cazador... La televisión se ha ocupado, también mucho,
del papel de los mediadores que han conseguido que el
deprimido matón haya salido vivo, contra su promesa, del
asunto que él mismo comenzó...
Todos
reharán su vida. Menos el policía muerto, claro.
El policía muerto...
El
único que estaba en su papel, y que lo cumplió hasta el
final. Sin haber prometido nada.
La
televisión, tratará durante días el caso del loco
cazador. Un abogado, alegará eximentes, locura
transitoria, o así. Y todos saldrán otra vez por la
tele...
La
tele de nuevo. Es un asunto de cuota de pantalla…
Pronto, el cazador alocado y deprimido, recuperará su
escopeta. Y aquí no habrá pasado nada. Solamente la
familia del policía muerto, recordará el caso del
cazador loco. Y, de nuevo, aquí no habrá pasado nada.
Nunca
pasa nada. Nada de nada. Salvo para los muertos, claro.
Muertos que nunca son los que debieran. No hay nada como
estar un poco loco. O volverse loco... temporalmente,
claro. Que la temporada de caza comienza pronto... Ya lo
dijo, algo parecido, Visconti en “Confidencias”, por
boca de la marquesa Brumonti. Cada uno va de cacería
como y donde puede, que no todo el mundo se va de
montería con los Villaverde en el Madrid de finales de
los sesenta...
Los
pobres no cazan con los ricos, pero se vuelven también
muy locos por matar. Y, claro, cada uno mata donde y
como puede. Algunos, en Sueca, como sucedió en este
caso, en la historia que hoy recuerdo... Y vuelta a
empezar...
Les
confieso que por mi parte, mi recuerdo está, no lo duden
un segundo, con la familia del pobre policía muerto. Lo
demás, la carroña y el morbo maloliente, lo dejo para la
tele Y que aproveche...
Esta
es la España profunda de la televisión metida en las
casas, en las broncas, en los crímenes, en las camas, e
las falsas camas, en el cubo de la basura de la historia
y todos y cada uno de los estercoleros del presente...
Y si
no hay basura, se crea, para luego airearla, aunque no
sea verdadera...
Esta es la
España de la televisión basura... pero de la basura
televisada.
Esta es la España de la
España donde esa nueva casta que se denominan "famosos"
mariposea y saca unos duros del sucio negocio. Un
negocio sucio que, n se nos olvide, organizan los dueños
de las televisiones. Televisiones públicas y privadas,
¡que a estos y otros muchos efectos, tanto da, que da lo
mismo!...
Esta
es la España en que millones de ciudadanos estupidizados
observan cómo unos especímenes supuestamente normales
representan papeles en programas supuestamente de
interés psicosocial... cuando la realidad es simple y
llanamente que ofrecen basura cocinada por los
experimentados ejecutivos del negocio de la basura.
Una basura que,
por cierto y sin que se nos olvide, el personal (antes
ciudadano) se mete en la cabeza cada día.
¡¡
Viva la España profunda...!! Donde quiera que esté
ahora.
Aparte
de en la televisión, claro...
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