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La Isla de  los Muertos  

   

Para muchos, la Patagonia tiene que ver  sola y casi exclusivamente mente con el territorio argentino. Sin embargo, una vasta extensión del suelo de Chile que nace en la división con la décima región, esto es, el límite sur de la Provincia de Palena, es para nosotros los chilenos parte precisamente de eso que se denomina Patagonia. Hablar de la Patagonia no es sólo hablar de las Torres del Paine, del Ventisquero Perito Moreno, de Calafate, de Bariloche, de la interminable vastedad de la Pampa argentina... Sino que también es hablar de Aysén, o de la Laguna San Rafael, o del Río Baker, o del Futaleufu, o de los Canales...o de los más espectaculares lugares de pesca  que puedan existir. Y es también hablar (y hacerlo con letras muy grandes) de la XI Región de Aysén. Una región de América del Sur que recién comienza a ser conocida, a ser visitada y a ser valorada.

Aysén tiene apenas cien años de historia. Una nimiedad si se compara con la milenaria historia de Europa, cierto. Pero para nosotros toda una historia, cuya gran riqueza radica sobre todo en el hombre que la pobló, que la habitó luchando contra la naturaleza, la soledad, la pobreza. Y donde, en el curso de estos escasos cien años, se sucedieron historias muy impactantes.

Una de esas historias,  trágica y plena de misterio, sucedió en el año 1906. Y sucedió en un lugar conocido como Bajo Pisagua. Un lugar que hoy forma parte de la Comuna de Tortel, en el sur de la Región de Aysén.

Cuando el Estado de Chile entrega en concesiones fiscales el inmenso territorio de Aysén (de más de 110.000 km.) cuadrados a grandes empresas

dedicadas a la ganadería, una de ellas, la Compañía Explotadora del Baker, contrata en Chiloé a un grupo de 200 hombres para trabajar en el terreno que se les había otorgado. 

Por ese tiempo casi nada existía, todo tenía que construirse: caminos, galpones, casas, corrales... Y para realizar esa inmensa y titánica obra era necesario contar con un tipo hombres especialmente avezados y sacrificados. Nada mejor, para ello, que los trabajadores originarios de la zona de Chiloé, poblado por hombres que tenían una bien merecida fama de empeñosos y laboriosos. 

Un contingente de estos hombres, se embarcan en el mes de Septiembre en el Dalcahue. Parten felices a trabajar al ignoto paraje de Bajo Pisagua, en el delta del grandioso Río Baker. Allí habrían de permanecer por un período de seis o siete meses, según lo contratado. Sin embargo, circunstancias que se han transformado ya en leyenda, prolongaron la estancia allí de estos hombres, que venían premunidos de los alimentos necesarios exactamente para el limitado tiempo para el que estaban contratados. 

Pero pasaron los meses: seis, siete, ocho, nueve, diez...  Y allí permanecieron, solos, olvidados, sumidos en la más inmensa soledad y abandono. Y allí también comienza a diezmarles una extraña enfermedad. Y comienzan a morir los trabajadores: primero uno... luego tres... al otro día seis o siete... Llegaron a morir en un mismo día hasta 28 hombres. 

La situación era trágica. A cargo del grupo de trabajadores estaba un capataz contratado por los dueños de la Compañía, llamado Mr. William Norris. Éste, ve con desesperación como van muriéndose los hombres; y ve también, con impotencia, que nada puede hacer, salvo sólo esperar un milagro. 

La desgracia se cebo en aquellos hombres: el barco que debió rescatarlos y sacarlos del lugar, naufragó en el Estrecho de Magallanes. A la vista de esto, los socios de la Compañía lograron, después de un largo período y mucho esfuerzo, contratar en Talcahuano y en el mes de agosto otro barco para retirar a los hombres aislados en el Bajo Pisagua.

Sin embargo, otra circunstancia trágica vendrá a impedir, también esta vez, que el barco contratado llegue: se produce el gran terremoto de Valparaíso; por lo cual, todos los barcos son confiscados para ir en ayuda de los miles de damnificados de ese trágico sismo.

Pasan los meses, se termina el harina, el azúcar, el café... y el hambre es general. No hay ya fuerzas en los sobrevivientes para a cazar para comer o para arriesgarse a salir a alta mar, distante más de 50 millas, a buscar alimentos. Todos esperan, pues, la llegada de la muerte, una muerte que cada día más les iba pareciendo a todos tanto trágica como segura. 

La muerte siguió causando estragos entre los trabajadores. Hasta que en Octubre de ese año se produce el tan ansiado milagro: llega al fin un barco a buscarlos. Famélicos, enfermos y desesperados, se embarcan  los sobrevivientes y retornan a Chiloé.

Mientras allí, en Bajo Pisagua, en una pequeña Isla queda como mudo testigo de la tragedia un cementerio que es conocido como la Isla de los Muertos (Nota: La Isla de los muertos fue declarada monumento histórico nacional en el 2002. Más informaciones en el libro “Caleta Tortel y Su Isla de los Muertos” ). En él, reposan para siempre setenta y siete trabajadores  del

famosos “enganche de 1905”. Otros hombres más murieron en el barco de retorno a su tierra. Y varios llegaron a tiempo de morir en su lugar de origen.

La leyenda, siempre tentadora y creativa, dice que fueron los hombres de la Isla de los muertos fueron asesinados. Y eso es lo que circula. Sin embargo, los estudios realizados nos dicen que en realidad... murieron de hambre. 

El recuerdo de estos hombres de Chiloé que murieron en la Isla de los Muertos es una deuda que tienen contraída quienes hoy pueblan la Patagonia chilena. Porque, a fin de cuentas, podemos decir que esa es la historia de la propia Patagonia. Con hombres de esa clase fue como se pobló la hasta entonces virgen región de Aysén. Y son muchos los héroes anónimos que tiene esta tierra que hoy en día es considerada como "Reserva de Vida".

Para aquellos primeros hombres que la poblaron, Aysén sólo fue una promesa de una vida mejor... que ellos nunca vieron concretarse. Sobre la vida, lucha y muerte de estos primeros pobladores, los actuales habitantes de Aysén asentamos y edificamos la nuestra: nuestro futuro.


(Danka Ivanoff Wellman es historiadora, investigadora y escritora; reside en Chile Chico, ciudad de la Región de Aysén, en la Patagonia Chilena; ha publicado numerosos libros sobre la historia de Aysén, colaborado en revistas especializadas, así como también ha participado con sus ponencias e intervenciones en multitud de congresos sobre la historia de Chile.)


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  Danka Ivanoff Wellman
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