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Crear,
es tanto como estar vivo. Estar vivo, tanto como vivir.
Y se vive de muchas maneras. Por ello, la música, la
poesía, la novela, la escultura, el cine, el teatro...
la obra de arte en general, pueden ser entendidas como
unas variadas formas de estar vivo, de vivir. No son
zonas estancas, aisladas; sino expresiones de una misma
necesidad de ser y de hacer, de sentir y de
transformarse de uno en varios, de nada en algo... Los
nacidos en los cincuenta somos gente "de imágenes":
tomamos los biberones con el cine y crecimos con la
primera televisión. Y eso deja huella. Nuestros padres
habían sido gente de radio: de sonidos, por tanto.
Nosotros, al sonido le incorporamos la imagen. El cine
de nuestra infancia, hacía muchos años que había
consolidado una "gramática" visual y sonora, como dejó
escrito May en su clásico "El lenguaje del filme", uno
de los manuales de auténtica cabecera para los
aprendices a Welles de por entonces. Una gramática de la
imagen que habría de ver como un tal Godard, o los
seguidores de la escuela literaria de "la mirada", la
despedazaban... para liberarla de unos corsés que venían
desde los primeros años veinte, con Griffith o
Eisenstein. Nosotros aprendimos a leer imágenes... que
es tanto como decir aprender a escribirlas. Y lo
hicimos, cada cual a su modo y según sus
posibilidades... Los niños de los sesenta, nos metimos
pronto por los entresijos del cine del sueco Bergman.
Pero, a la vez, pudimos vacunarnos de sus peligros con
las sesiones de cine de la noche en la televisión, la
segunda cadena mayormente: cine negro americano y
francés, neorrealismo, cine inglés, el buen cine
español... Rodamos de cineclub en cineclub hasta
aterrizar en las salas de arte y ensayo... Aunque, para
ser sinceros al completo, creo que donde yo aprendí
(como muchos otros) a hilvanar imágenes, fue en la
lectura semanal del cómic: El Capitán Trueno, El Jabato,
los de la Marvel, Bruguera... y ya puestos, hasta en el
Pulgarcito.
En
todas esas fuentes bebimos nuestros códigos de imagen...
Y los aplicamos, cada uno a su forma y estilo. Así, y
que yo recuerde, en la segunda mitad de los ochenta pude
hacer algo mas de una veintena de cortometrajes en
soporte video. Conté para todo ello con la inestimable
colaboración de un buen grupo de buenas gentes que
voluntariamente (infelices ellos...) se pusieron a mis
órdenes: actores, ayudantes, iluminadores, productores
ejecutivos, apuntadores... incansables sostenedores de
bolsas y accesorios varios, taxistas temporales y
amateurs... Ahora toca procesar esos videos videos, los
masters o tomas madre, digitalizarlos,
limpiarlos... Y, una vez digitalizados y bien limpitos,
volver amontarlos exactamente igual que lo fueron en su
día con procedimientos prácticamente artesanales. Y, una
vez listos, colocarlos en esta pantalla universal que
hoy es Internet, y provisionalmente ahora en el sitio web
www.enriquejsantos.com
en su apartado dedicado a Imagen.. A
fin de cuentas, este proceso-idea-proyecto lo que
pretende trata de recuperar
unos recuerdos y unos artefactos creativos... e
instalarlos en una época tecnológicamente distinta: la
de la videoteca universal y libre de internet.
Y que, antes que nada,
habrá que decir que va dedicado a compensar el esfuerzo
impagable y desinteresado de cuantos entonces echaron en
"La Chistera Mágica"
una mano en el asunto este de hacer cine. Porque hay que
decir que la "cosa", el grupo, se aunó bajo el nombre de
"La Chistera Mágica". Algunos nombres, y por citar los
más aguerridos y entusiastas, fueron: José María
Chamorro Villadangos, Bernardo Menéndez Ortega, María
Maniega Cañibano, Yolanda Rodero, Rafael Mallada, Aurora
Barros, Enrique Tessier, David Teira, Belén, Julia,
Velasco, Javi... y tantos otros colaboradores "técnicos"
y "extras" más. Sobre todo a ellos, y sin olvidar siete
lustros después a mi viejo profesor de la asignatura
'Teoría y crítica del cine', va dedicado este rincón-sitioweb-proyecto
en el que se recoge el trabajo de entonces. Y se
recogerán en su omento, claro, los posibles (y...
¿deseables?) trabajos futuros, por supuesto.
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