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 Una costumbre: las tertulias

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El otro día me encontré, por sorpresa, con una clásica tertulia. Una tertulia de aquellas que había costumbre de formarse a diario (salvo días no laborables, o lo que es lo mismo, “fiestas de guardar”) en muchos pueblos, ciudades y villas. Como era el caso de Avilés donde, en mis tiempos de periodista (1963-1974) conocí reuniones de tertulianos en algunas barberías (peluquerías de caballeros como se diría ahora) y chigres. Y la verdad es que todas aquellas tertulias tenían su encanto, por decirlo de algún modo. Eran lugares donde todos los días, a la misma hora, nos podíamos encontrar con las mismas personas. A mi mente llegan los recuerdos de tertulias típicas que daban cierto sabor al quehacer diario. Tales como la de Casa Venancio, en la calle de Ruiz Gómez, 2, dónde a las horas del mediodía podíamos encontrarnos con “avilesinos de toda la vida”. O la tertulia periodística del Maruxa, en la calle de la Fruta, 5, compuesta fundamentalmente por los informadores locales (César Rodrigo, Venancio Ovies, Fontanillas, Rafael del Naranco...) que “cubríamos” la información local de Radio Popular, La Voz de Avilés, La Nueva España, Región, El Comercio... O la de la barbería de Edelmiro, en la calle de Pedro Menéndez... También es de recordar la tertulia de las tardes en la cafetería Germán, en la calle de Emile Robin, dónde podía uno encontrarse con tertulianos del estilo de Rubén Menéndez (Azul Cobalto) o José Estévez Alonso (Estalo).

Aparte de las tertulias también se producían los acostumbrados “encuentros” de personas que todos los días, a la misma hora, se encontraban en un mismo bar o café; cosa que puede decirse que aún perdura. Cómo, insisto, aún continúan celebrándose esas clásicas tertulias que siguen teniendo como marco determinados bares, chigres, peluquerías de caballeros... Tertulias que, a mi entender, han perdido ese sabor a temas locales y propios de la ciudad, para pasar a tratar otra temática a la que nos conducen los medios masivos (prensa, radio y televisión) de comunicación social. Y es que antes los temas locales eran, creo yo, en términos periodísticos, mucho más importantes y valorados que últimamente con la llegada de la llamada sociedad global.

En fin, que el otro día y en una céntrica, vetusta y entrañable librería local, Librería Recio, me encontré inesperadamente con una tertulia y mi sorpresa fue mayúscula; yo creí que en esta sociedad global a la que nos están conduciendo los medios de comunicación e Internet, ya no tenía cabida este tipo de actividades porque ahora, si una persona quiere opinar o intercambiar sus ideas con otra u otras personas, basta con descolgar el teléfono y llamar a cualquier programa de radio o televisión donde se celebra una tertulia, y participar en ella, o bien “entrar” en Internet e inscribirse en cualquiera de los cientos de foros existentes y exponer las ideas u opiniones que a uno se le ocurran.

Pero está visto que la tertulia, la clásica tertulia de café, chigre, barbería o casino, perdura. Cosa de la que, por cierto, me alegro.

 

 Pedro Sánchez Librán

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