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Cuando
se comienza a escribir algo, cuando se quiere sacar a la
luz esos pequeños o grandes problemas que surgen día
tras día; cuando se quiere decir a nuestros regidores
municipales, a nuestros gobernadores regionales, a
nuestros padres de la patria... lo que al personal
entender de una le parece que deben de corregir aquí o
allá, en esto o en aquello... nadie debiera caer en la
fácil tentación de pensar que, eso, se hace principal
exclusivamente por molestar, por incordiar, por dar la
vara… "por xoder", que diría el castizo. Ni tampoco se
trata en tales casos de que se tenga ninguna personal
guerra declarada ni al Gobierno de la Nación, ni al
regional, ni al Ayuntamiento, ni a los concejales, ni a
los sindicatos, ni a los partidos, ni a los empresarios,
ni a… No. Nada más alejado de la realidad ni de nuestras
sanas voluntades; al menos de la de una, y que cada
quien responda por lo suyo.. Antes bien y simplemente,
la idea es observar las cosas y sus circunstancias… y
después sacar a la luz de una columna periodística los
problemas que surgen por aquí y por allá, dentro y
fuera, arriba y abajo... pero sobre todo, claro, por el
solar de la ciudad de uno. Problemas, todo hay que
decirlo, que por otra parte son muchos –quizás más aun
de los que aquí se comentan, que nadie es perfecto- y
probablemente escapen a menudo a la vista de bastantes
de entre precisamente aquellos que (por su oficio y/o
cargo o puesto) deben velar para y por que dejasen de
existir como tales problemas. Estos, ministros,
consejeros, concejales, sindicatos, empresarios,
partidos… sin duda y a lo que parece están casi siempre
–supone una- muy ocupados, puede que no tengan tiempo
para observar, como se merece hacer, el ya mentado solar
ciudadano de cada cual.
Porque –y a título solamente de ejemplo- en nuestro
Ayuntamiento los responsables, los que gobiernan, están
lo que se dice más que saturadísimos de trabajo. Tienen
tanto… pero… tanto y tanto que hacer… que, claro está:
¡cómo van a pararse en estos tan infinitamente pequeños
problemas! No pueden, no tienen tiempo... o al menos así
lo creen ellos. Son demasiadas cosas sin duda en lo que
tienen que pensar; y -a lo que parece siempre- mucho
más importantes. O será -a veces cae una en la tentación
de pensarlo así- que simple y llanamente ocurre que no
los ven. O que piensan que todo-todo está bien, pero
que muy-muy bien... Y luego, claro, pasan las cosas que
pasan. Y, estas cosas no se sabe bien del todo por qué
suceden, por qué algunas obras tienen eternamente ese
aspecto guarrote de chapuza sin terminar, o hechas de
mala gana y sin gusto, y como sin el menor interés por
hacer las cosas bien. Parece que se hacen nada más…
bueno, pues porque hay que hacerlas, o porque coincidió
que tocaba hacerlas… pero sin orden, sin control alguno.
Y al final: si las cosas salen bien, pues bueno, bien
está. Pero –como suele ocurrir más a menudo de lo que
sería de desear- si salen mal... ¿qué hacemos?
Una
querría decirle a las “fuerzas vivas”… de aquí, de allá
y de donde quiera que estén sentadas en sus sillones de
poder y soldada pública, y si es que tales fuerzas aun
existen como tales… que sí, que es cierto que deben
tragar cada mañana o semanalmente –según los casos y las
periodicidades de los medios de comunicación- el
obligado sapo de la prensa, que decía Churchill. Sí, que
eso está muy bien, estupendo... Pero que tampoco está de
más que acepten de vez en cuando que los de la calle, y
hasta incluso los que escribimos en la prensa, podemos
llegar hasta… ¡¡ a tener un poco de razón!! Incluso, si.
Puede que se ahorrasen muchos disgustos (ellos, los que
deciden) y algunos euros (nosotros, los que pagamos) en
toda esta historia cotidiana de hacer y rehacer el ya
tan mentado -insisto- solar ciudadano de cada quien y de
cada cual..
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