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En ocasiones, la enseñanza es noticia por disfunciones aisladas,
pero el sistema educativo ofrece un servicio social
inigualable.
Para la totalidad de la ciudadanía nuestra sociedad
ofrece un puesto adaptado a las necesidades de cada
persona. No importa a qué minoría étnica se
pertenezca (todos pertenecemos a alguna), no importa
qué minusvalía o déficit se tenga (todos tenemos
algunos), no importa la familia de origen, el
momento de llegada, no importa nada… entre los 6 y
los 16 años se han dispuesto los necesarios recursos
humanos especializados e ingentes presupuestos para
una perfecta formación.
Todo el profesorado, en sus
distintos niveles, funciones y especialidades, todo
el personal de apoyo (conserjes, cocineras,
conductores,…), todas las instalaciones y
servicios,… atiende durante 10 años a nuestros hijos
e hijas.
En la práctica, la atención
educativa se extiende una media de más de 20 años,
desde los pocos meses hasta pasados los 22-24 años
en el caso de la enseñanza superior de FP o
universitaria (sin citar la formación continua,
ocupacional o de personas adultas). Las condiciones
son inmejorables, incluida la gratuidad para las
familias que no pueden contribuir económicamente.
Llegará el día en el que los
sistemas de protección social se ocupen de las
necesidades específicas de atención, en los casos
necesarios, para el estudio o el trabajo de la
generalidad de la población… durante toda su vida.
Mientras tanto, el complejo
sistema de educación muestra el camino y
cuida durante un largo periodo preparatorio a las
generaciones más
jóvenes.
Esta custodia es
perfectamente compatible con la transmisión de un
mensaje inequívoco desde la educación primaria:
“Cada persona debe ir asumiendo, tan pronto como sea
posible, todo el grado de autonomía y
responsabilidad que le sea posible, colaborando con
su esfuerzo y trabajo (incluido el de estudiar) a su
propio crecimiento personal, profesional y familiar,
así como al bien común de la sociedad en la que ha
podido nacer y crecer”. |