|
Desvelado,
finalmente, el secreto del “tío
Pepe”.
A ver si adivinan el acertijo sin necesidad de leer
hasta el final…
Hace veinte años, cuando nuestros hijos eran
pequeños, en nuestra casa alquilada de
Mil Palmeras habitaba un duende amistoso que nos
preservaba de miedos y de robos.
Nuestros vecinos nos
oían frases como éstas: “Este año también hemos
traído al tío Pepe”, “subid a jugar o a
aprender con el tío Pepe”, “dejamos en casa
al tío Pepe”,…
Sólo nuestros amigos conocían y habían visto y
tratado con “nuestro
tío Pepe”, que dormía en la habitación principal
y que cada año era
diferente, aunque muy parecido.
Poco a poco, el “tío
Pepe” se hizo más pequeño, y desde hace algunos
veranos traemos no uno, sino varios “tíos Pepe”.
Sigue siendo nuestra
jerga habitual, aunque cada vez menos necesaria
porque en muchas de las casas colindantes también
habitan otros “tíos Pepe”.
El “tío Pepe” desde hace nueve años no sería nada si
no se conectase a Internet, porque el “tío Pepe” es
un ordenador,
más y
más portátil, en nuestra particular denominación
familiar...

Mikel Agirregabiria
|