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De plazas y otras zarandajas


Cada día más, cada mes con más frecuencia, cada año con más adicción al reconocido y confeso vicio...todo el mundo que está o se cree estar en la movida y/o cosa de lo festero y festivocultural se empeña impune y empecina (a fin de cuentas viene a ser la misma cosa) impune y pecaminosamente en secuestrar la plaza de El Parche (la plaza, que no este periódico), o Plaza de España, o, como se llamó en tiempos, la Plaza de la Constitución para sus fines más o menos públicos, más o menos confesables sin sonrojo. Y cada día más, cada mes más, cada año más, los ciudadanos avilesinos  y visitantes, turistas y viajeros se ven empujados a tener que prescindir de pasear por la Plaza de España. Y eso, durante, medio día, durante un día, durante dos días o durante tres días. En ese tiempo, esos espacios públicos de encuentro ciudadano que son las terrazas de los bares quedan suprimidas en la malhadada Plaza de España, en El Parche, por la necesidad de acotar el espacio público para actividades deportivas, festivas, oficiales, corporativas... Las que sean, y al margen del mayor o menor interés intrínsico y/o participativo de dichas actividades o celebraciones...algunas de ellas, todo hay que decirlo, de gran interés y en alza permanente dentro de su sector específico.

Pero lo malo es que la historia, en la Plaza de España, se repite... cada semana casi. Lo malo es que cuando no es una cosa es otra. Lo malo es que a lo largo del año y desde los no muy lejanos pero pasados tiempos en los que la plaza de España es enteramente peatonal, y las temibles hordas conjuntas del sustituido alcalde Rodríguez y del afortunadamente semidesaparecido arquitecto iluminado Bayón hicieron su labor depredadora de cualquier detalle humano en la plaza... desde entonces ya la mayor parte del tiempo el ciudadano se ve privado (insisto, turistas y villanos) del espacio que se supone se había ganado para uso  y disfrute de esos mismos ciudadanos. De todos los ciudadanos. De todos los ciudadanos, sí pero.. siempre y cuando el Ayuntamiento o algunos de sus colaboradores, contratados o subvencionados no hayan incluido esa plaza pública en su agenda. O sea, cuando se dé  la feliz coincidencia de que no organicen algo en la dicha Plaza, en la de España, en El Parche.  

Los ciudadanos avilesinos, o muchos de ellos, se preguntan no sin razón sobrada si de verdad es que no hay otros sitios más adecuados para estos menesteres (cada sitio para las necesidades concretas de cada acto) que la plaza de España. Y se preguntan igualmente si es obligado y forzoso organizarlo todo y hacerlo todo allí. ¿No hay más sitios...?

Yo creo, como también algunos otros, y cada día más, que la pregunta acertada es (además de esas) otra: ¿Es esta cosa de organizarlo todo el El Parche algo... digamos... que hunde sus raíces últimas en lo patológico, en lo freudiano...? Puede que sí, puede que no... Pero lo cierto es que nada más pisar ayuntamiento, nada más tocar poder un concejal o un alcalde, todo concejal o alcalde que se precie, uno cualquiera... lo primero que al parecer se le viene a la cabeza es organizar algo  -lo que sea-  en La Plaza de España. De manera que tal parece que fuese una fijación ligada al cargo. Tal fuera que hubiese una auténtica –y enfermiza-  fijación con la plaza del Ayuntamiento. No sé, pero eso es lo que parece.

Y al hilo de esto, el ciudadano se sigue preguntando con cierta y obligada frecuencia, sobre el por qué y sobre el motivo que llevó a los dirigentes políticos municipales a considerar que la plaza del ayuntamiento (léase la plaza de España o Parche) de nuestra villa debería quedarse sin un solo motivo decorativo, tal y como podría ser alguna estatua aunque fuera “burguesa” y conservadora, pero representativa de la ciudad (y por otra parte, tan de moda en  las ciudades del territorio patrio y/o mestizo español hoy en día)... o unos jardines, o una fuente, o un monumento alusivo al  Rollo medieval (que siempre estuvo ahí, por cierto), o algo de este tipo, como en cualquier ciudad que se precie de sí misma... en lugar de esta Plaza de Tiananmen (por lo desolada y vacía, no por el tamaño) que nos han dejado a partir de la última reforma llevada a cabo.

Pues bien. Ahora esta duda ya la podemos tener casi del todo clara. Ya podemos saber todos -avilesinos villanos y turistas visitantes fugaces-  que nos vemos privados de poder pasear o sentarnos en una mesa cualquiera de las terrazas del Parche... AMGEG. O lo que es lo mismo, y parafraseando la máxima jesuítica, A Mayor Gloria del Equipo de Gobierno. Municipal, se entiende.

Ahora también sabemos casi con toda certeza que la plaza debe estar libre de molestos “obstáculos” para así poder mejor utilizarla  para todo tipo de celebraciones lúdicas, deportivas, corporativas, oficiales... Celebraciones que, por otra parte, en cualquier ciudad en la que se piense con un mínimo de sentido común  -las hay, no se crean-  se llevan a cabo utilizando los espacios públicos más apropiados para cada acto específico y concreto. Y zonas un poco más alejadas del ya excesivamente cargado centro, del algo más que sobrecargado casco histórico. Y más aptas y racionales para la realización de ciertos actos públicos, como pueden ser grandes conciertos de rock, festivales folklóricos, carreras ciclistas, rallys automovilísticos, otras pruebas deportivas...

Pues ya ven: en Avilés también en eso somos distintos. Aquí, todas estas cosas tienen como centro y campo de batalla el puro centro-centro, o sea: la plaza de España. Todas. Parece ser éste el punto de concentración para cualquier tipo de cosas que se organizan en la villa. En ciertos casos, incluso  también se utiliza inadecuadamente como lugar de concentración de coches, de motos, de bicicletas, etc. Impidiendo el uso normal de la plaza, lugar neurálgico de la vida diaria de la Villa de Pedro Menéndez, con perdón...

Ocupada, llena, acotada, oficializada... Así podemos encontrarnos la Plaza de España casi durante la mayor parte del año. Plaza vallada-ocupada-reservada-tomada parcial o totalmente casi un día sí y otro también, con su espacio público y ciudadano acotado para y por celebraciones de un solo día, casi siempre... Y antes y después, cuando no hay acto, acotadas y ocupadas para el más cómodo desarrollo de la -se supone- pesadísima tarea del montar y desmontar  los costosos, molestos y ruidosos inmensos escenarios: y pasándose la plaza la mayor parte del tiempo llena de camiones y empleados que están “monta  hoy y desmonta mañana” toda esta gigantesca, costosa e incómoda parafernalia “festivalera” oficial... por cierto, que casi siempre son las mismas empresas, pero eso es otra historia.

Hay que repetirlo, y cuantas veces hiciera falta hacerlo: es preciso racionalizar los actos festivos, culturales, deportivos... No todo puede estar siempre hecho en la Plaza de España... Cada acto debería ser desarrollado en el sitio más idóneo para sus necesidades y posibilidades... No siempre el centro es el sitio mejor... Y ese centro necesita aligerar la presión a la que constantemente se le somete. No hablamos ya de la presión a la que se les somete a sus habitantes, claro. Esa, también, es otra historia.

En el Ayuntamiento deben tener en cuenta que no todo debe ser hecho necesariamente delante mismo del despacho de alcaldía... Avilés es muy grande, o al menos lo bastante grande y lo suficiente como para arbitrar otros espacios alternativos que descongestionen la Plaza de España de tanta actuación. Y de tanta bulla, parafernalia y oficialidad.

Al menos, en esto, que copien de otras ciudades. Que copien, incluso de un sitio que les encanta mucho a algunos: Gijón... ¿No?...

 

  Aurora Barros


 

 

 
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