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Julia
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Entre copa
y copa |
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Elena
Salgado ha perdido la batalla, y qué quieren que les
diga, estremece pensar como los intereses económicos
priman sobre la salud de los menores. Verán, yo creo
que la titular de Sanidad es un tanto rígida en sus
planteamientos políticos, y que va demasiado
"sobrada" por la vida; y digo mas, a veces parece un
tanto soberbia, pero dicho todo esto creo que no
debería de haber perdido la batalla del alcohol.
Se han dicho un montón de mentiras sobre el proyecto
de ley anti-alcohol, incluido que era una especie de
'ley seca' y que el personal ya no iba a poder
tomarse una copa cuando le viniera en gana.
Sí, se han
dicho muchas estupideces precisamente para desviar
la atención de la cuestión principal y es que lo que
la ley trataba era impedir el acceso de los niños,
léanlo bien -NIÑOS- al alcohol. Y alcohol también es
vino.
No sé si a ustedes les preocupara como padres, pero
creo que somos muchos a los que nos pone los pelos
de punta que el 65,6 de los menores de entre 14 y 18
beban alcohol habitualmente, y que más de 700.000
mil confiesen que se emborrachan todos los fines de
semana.
Pero en este país nuestro se ha decidido que no hay
que hacer nada al respecto, que si los niños beben
pues que beban, que los famosos 'botellones' son una
expresión de libertad de los jóvenes, y que hay que
dejarles.
Los productores de vino pedían que éste quedara
fuera de la ley, y se han movilizado por tierra, mar
y aire, hasta convencer a los ciudadanos que Elena
Salgado quería impedirles tomarse una copa de vino
en las comidas.
La
realidad es muy distinta, se trataba de que los
niños tampoco bebieran vino, porque guste o no, el
vino tiene graduación alcohólica que afecta
gravemente a la salud de los pequeños.
Elena Salgado no ha podido contra el lobby
alcoholero español, ni contra el sector vinícola, y
se ha tenido que rendir retirando la ley. Al final,
la cuestión es que esta sociedad no quiere asumir
responsabilidades y estamos en el todo vale, y en
ese todo vale a nadie le importa que los niños beban
alegremente.
Es verdad que la educación empieza en casa y que los
padres tienen una responsabilidad directa en la mala
educación de sus hijos, en permitirles entre otras
cosas participar de los "botellones", pero no solo
los padres y la escuela educa, es la sociedad entera
la que lo hace, y está claro que al final el negocio
es el negocio, y aquí se ha puesto el negocio por
encima del interés y la salud de los menores.
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Julia Navarro |
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