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Dado que a día de hoy, en fechas
electorales, también está de actualidad el tema
sobre el soterramiento o no de las vías del tren en
nuestra ciudad, y de que ya no es el mismo predicado
de los del contubernio político del PSOE-IU de ahora
y que, además, tratan de escenificarnos por espurios
intereses un cisma entre ellos que no existió ni
existe porque es mero teatro, lo que decíamos aquí
hace año y medio, más o menos, sobre el
soterramiento de las vías del tren en Avilés era lo
que sigue a continuación:
Amenazante, pende sobre los avilesinos la losa del
gobierno bipartito de la villa; listos para aplastar
la dignidad de éstos con su empecinada ceguera desde
la trinchera del contubernio, negándose a ver más
allá de sus propias narices su particular losa
ferroviaria de impacto panorámico, medioambiental y
emocional; todo por mor de su lamentable obstinación
y contumacia sin admitir trato ni razonamiento más
que el suyo propio. Por lenitiva voluntad y
concisión no admiten otra razón; por liturgias
trasnochadas de los jefes de las mesnadas; por
logreros y correveidiles de los jerarcas viles; por
luctuoso entendimiento del momento para el cual no
es apropiado ningún jumento; por su escasa capacidad
cognitiva del pensamiento y movimiento ciudadano. Y
por voluntario error, y horror, garrafal; como el
tricornio monumental del paseo de la ría, de
aspecto y respeto jumental. Una decisión demencial,
pero que una barca de pesca paliaría el mal, después
de erradicar tal error monumental.
El impacto urbano y panorámico de una losa
ferroviaria, fruto de un ahorro caprichoso sacado
para la ocasión de la manga, pantalla ciega nos
endosa; una losa no es otra cosa. La losa es la
política del contubernio por pesada, morbosa y
onerosa. Su rediviva pasión cuatrienal es la viva
muestra de su escaso ingenio para gobernar. Sus
adláteres, desde el primer peldaño hasta el último,
se muestran renuentes con nuestros privilegiados
cerebros cabildantes en todos los frentes porque, a
costa de ellos, se vienen ahorrando mucha pasta
gansa; gracias a nuestra gente mansa que nos hurta
todo lo que puede para llevar fuera lo que debía
quedar en casa.
Pero uno llega a sospechar de las triquiñuelas que
son capaces de hacer esa clase de políticos cuando
están cada vez más cercanos los comicios: ¿Se
estarán haciendo de rogar?; ¿es mera estrategia para
otra vez gobernar?; ¿nos querrán sorprender con un
“sorpaso” metidos ya en la contienda electoral
cambiando losa por otra cosa, como soterrar, para
cambiar la intención de voto del personal?
Si no es así, o alguien no lo remedia, tendremos
tragicomedia con estos amantes del contubernio y
politiqueo (de intriga y bajezas, creo) que rigen
nuestros destinos en la Villa del Adelantado de la
Florida; nos pueden adelantar endilgándonos losas en
las alturas que, desde la villa siempre marinera,
nos cargarán la maravilla de su ría milenaria unos
siete u ocho metros hacia arriba entorpeciendo la
bella panorámica del estuario marinero con una losa
que merecen ellos colgarse como escapulario -¡¡¡Qué
diablos!!!- o como piercing en los huevos.
Mucho más difícil lo tuvieron en la capital
gaditana, rodeada de agua por todas partes, menos
por un pasillo asfaltado que une Cádiz y San
Fernando, por donde algunos, entre salinas a uno y
otro lado, van caminando y cantando a éstas aunque
no asomen el blanco. Son sales de la bahía que del
Atlántico Sur entran para quedarse en La
Isla
(San Fernando) y en
La Tacita de Plata
(mi Cádiz del alma, la de los tanguillos y Los
Carnavales), que sirven de aderezo para las viandas
de todos los que no se amilanaron para hacer el
largo soterramiento ferroviario gaditano. En
Avilés, con bastante menor tramo, se acojonan ante
su amo: Areces, Presidente del Principado, es el que
pone el ramo.
“Jaspeao de colorao y blanco era su pelo; / no era
el currante salinero de las salinas de Cái y San
Fernando; / era un torito valiente cargao de tronío,
solito correteando o paseando”.
(Isufer).
Por algo más de QUINCE MIL MILLONES DE PESETAS, en
la capital gaditana (La Tacita
de Plata) se soterraron vías del ferrocarril y tres
estaciones de bastante más enjundia que lo que se
desea y reclama para la villa avilesina por parte de
todos los ciudadanos, ya que Cádiz está rodeada
totalmente de agua, cuyas únicas salidas a tierra
son por un puente o una carretera con agua en ambas
márgenes por donde también circula al alimón el
tren.
La primera y principal estación es la que está
pegada al puerto comercial de la bahía, sin
soterrar, conocida como Estación de Cádiz, nada más.
A continuación, a unos seiscientos metros de ésta,
empieza el soterramiento de
4,4 kilómetros
de recorrido (cuatro mil cuatrocientos metros),
poco antes de la estación de San Severiano, -no
unos
700 metros
soterrados, como exigen los vecinos de Avilés en
contra de la losa que pretenden endilgarnos nuestras
más preclaras mentes contuberniosas de los
políticos de turno- siguiendo por la de la Segunda
Aguada, la de El Estadio y la que termina con el
soterramiento, ya fuera del mismo, la de Cortadura.
Saliendo al exterior con ésta, a pocos metros y
paralelamente ya con la autovía que une Cádiz y San
Fernando, a su izquierda se puede disfrutar de la
belleza de la bahía gaditana; y a su derecha nos
podemos bañar en las hermosas playas de Cortadura en
concurso directo con un paisaje quasi paradisíaco,
que para nada tenemos que envidiar al Caribe
pudiendo disfrutar de lo mismo en nuestra Tacita de
Plata, gaditana y española, que quede claro. Y desde
éstas hasta
La Isla
(San Fernando) también uno puede disfrutar del
paisaje de las blancas balsas de remojadas salinas
del Atlántico en ambas márgenes de la autovía a
través de las ventanillas del tren Altaria que nos
acercará a la estación de Atocha de Madrid. Para
luego llevarnos a la capital del Principado y desde
ahí, en el cercanías o en nuestro propio vehículo
hasta la Villa del Adelantado de la Florida, Avilés,
en donde volveremos a sufrir de políticos cerriles
que no saben-no contestan, que no quieren saber nada
a no ser que sea a través de sus tercas y
trasnochadas ideas contuberniosas al respecto. Y
así nos luce el pelo con nuestros políticos cerriles
de la cosa.
Es la vergüenza del peso ruboroso, por oneroso, de la losa. Hay que
ver. Económica y técnicamente, lo tenemos mucho más
fácil que los gaditanos, pero nuestros políticos
contuberniosos no lo quieren reconocer ¿..? Otros
vendrán que lo puedan hacer. Porque no hay que
olvidar la ley de Isufer, auspiciada por las Leyes
de Murphy: “Todo lo que sube, baja; si no baja,
siempre hay alguien que lo precipite”. |