| |
|
Ernesto Baldajos,
una vida entre mil canciones |
Ernesto Baldajos es
uno de esos personajes populares que suelen surgir con fuerza en
muchas ciudades españolas y que imprimen carácter a las mismas.
A sus 70 años de edad es un infatigable organizador de actos
benéficos a favor de los ancianos de los asilos o de cualquier
desgracia que suceda. Ha muchos años ya popularizó la Operación
Kilo de Navidad y todas las Navidades sienta a su mesa a un buen
puñado de desheredados. Pero, ante todo, es un cantante. Un
cantante contra viento y marea que lo intentó casi todo para
triunfar: concursos radiofónicos de los de antes, actuaciones en
multitud de teatros de Asturias y de Madrid... pero le faltaron
suerte y preparación musical de la que carecía por completo en
sus inicios, según él dice.
Porque Baldajos
lleva consigo una infancia pobre, triste, hambrienta y
dificultosa: pues nació como él mismo dice, sin el amor y el
cariño de nadie, hijo de madre soltera, y adoptado por los
abuelos a regañadientes. Casi por casualidad cantó y recibió los
primeros aplausos. Y eso
le marcó para el resto de su vida: zarzuela, canciones
mexicanas, baladas, boleros... giras por España como telonero en
algunas compañías de cantantes famosos... Pero eran tiempos
duros en los que se ganaba muy poco con esas actividades. Sin
otra preparación, él seguía trabajando en el taller de sus
abuelos, cambiando neumáticos de automóvil. Y siempre que podía
actuaba para los pobres y los desfavorecidos. Sin duda,
recordando sus tristes días de niño.
Los ayuntamientos de la comarca avilesina le propusieron en su
día para que le fuera concedida la medalla de la beneficencia,
su gran ilusión, pero ésta no acaba de llegarle. Mientras tanto,
él sigue organizando festivales y cantando él mismo en ellos. Y
así seguirá, suponemos, hasta que se muera.
-Ernesto
Baldajos organiza constantemente festivales benéficos para los
ancianos o los más desfavorecidos- ¿Por qué esa vena
filantrópica siempre funcionando?
Bueno, verá, hace muchos años me dio por ir a
actuar al Asilo de Ancianos. Allí solo había unas treinta o
cuarenta personas, que yo ví que necesitaban cariño y
comprensión. Yo, a partir de entonces, empecé a intentar
"triunfar", egoístamente hablando. Yo quería ser una "gran
figura"... pero me quedé en una figura de cera, que cuando hay
calor se deshace.
-Lleva
cantando desde los años 50. ¿Cómo empezó con esta actividad?
Era muy joven. Me enteré que había un marinero
al que había mandado al sanatorio de tuberculosos del Naranco, y
que necesitaba ayuda. Eso me dio la idea de acudir al Poblado de
Pescadores y cantar para ellos. Efectivamente, avisé piso por
piso y casa por casa de que la actuación era en beneficio de
aquel marinero y la gente del Poblado me demostró todo el cariño
que tenían a aquella persona; y a mí. Y desde aquel momento...
empecé a trabajar, a cantar.
-Cantó
en festivales para aficionados como Rumbo a la Fama, Rumbo a la
Gloria, en concursos radiofónicos, en toda clase de escenarios.
Tuvo un sonado mano a mano con otro famoso cantante local,
Torrealdea... Pero nunca triunfó del todo fuera de aquí, aunque
fue a Madrid. ¿Por qué?
Bien, quizá fuese porque la vida habla sólo de
los valientes; y yo quizá fui cobarde cuando llegué a Madrid. Me
presentaron a Ernesto Lacalle, Bobby Deglané, infinidad de
presentadores buenísimos de aquellos tiempos. Pero yo esperaba
triunfar ràpido, ya. Sin embargo el éxito no llegaba... y Madrid
era muy grande para mí. Así que... pensé que era mejor volver.
-¿Sería
más fácil triunfar ahora que hay tantas casas discográficas,
televisiones, y que se graba con bastante más facilidad?
Los artistas de hoy, dicho sea con el máximo
respeto, no cantan: ladran. Con esto no quiero decir que ahora
mismo no haya cantantes muy competentes, no. Pero yo pienso que
la educación en el escenario tiene que ser... algo maravilloso;
y que hay que respetar al público. Yo no asimilo eso de que el
artista tenga que salir medio desnudo para que la gente les
aplauda... El cantante debe mostrar sus facultades, su arte, su
demostración de "saber estar" en todos los momentos.
-¿Qué
cantantes de los de ahora, de los "modernos", le gustan?
Para mí Francisco es una voz privilegiada. Otro
veterano que tiene una voz muy bonita es José Vélez...
-Usted
canta canción mexicana, canta zarzuelas, canta baladas... pero
cuando comenzó, usted mismo ha dicho en ocasiones que apenas
tenía estudios musicales...
Cierto. Cuando comencé yo no tenía estudios;
pero después aprendí vocalización; con dificultades, claro,
porque por aquel entonces yo no tenía capital ni había tantas
facilidades como las hay ahora para ello. En aquellos tiempos
había que triunfar a pulso, porque la vida entonces era muy
dura. Yo empecé con uno hombre encantador, Ramón Locero, después
estuve con el maestro Acuña y con el recientemente fallecido
Cástor. Recuerdo que el primer festival que gané... fue en
Piedras Blancas, con 16-17 años de edad. De ahí en adelante fui
ganando concursos. Además, fui el primer asturiano que actuó en
Televisión Española, hace muchos años. Y... de ahí en adelante,
pues ya ve: sigo luchando.
-¿Cuál
fue su mejor momento? ¿En dónde estuvo más cerca de convertirse
en cantante profesional reconocido?
Mire, yo tenía el carnet de profesional. Me
había examinado por entonces en el Teatro Fuencarral de Madrid.
Actué con Lolita Garrido en “La llave de la felicidad”, con
Carlos Acuña, con Víctor Manuel... con infinidad de cantantes de
renombre ahora... con Víctor Manuel canté en Mieres cuando él
todavía estaba allí y aún no era una figura... También canté con
Pedrito Rico, que era un maravilloso cantante, con el Príncipe
Gitano, y con todos los cantantes que de aquella eran famosos.
Eran los años 50-60, cuando había mucha afición, mucho arte. Me
parece a mi que... creo que hoy no hay arte: sólo hay que tener
un cuerpo bonito para triunfar.
-Ha
tenido usted una infancia triste y desgraciada, ¿no?
Muy mala, sí, muy mala. Peor... imposible. Mire,
yo quiero a la gente que sufre... porque yo cuando tenía 10-12
años buscaba ansiosamente a alguien que me quisiera a mi... Y es
que, aunque decir esto suene muy fuerte, no lo había, no había
nadie que me quisiera: tal parecía que yo era cualquier cosa
menos un ser humano... Yo vine al mundo como el muñeco de una
tómbola, que pasa de mano en mano, hasta que queda en las que no
tenía que haber quedado. No me dieron el calor y el cariño
suficientes...
-¿Quizá
al cantar y buscar el aplauso del público está buscando
reemplazar esa falta de cariño que no tuvo durante la infancia?
Es cierto. Aquel cariño que no tenía,
seguramente yo lo quería ganar cantando. E hice de todo para
conseguirlo. Llegué a salir de payaso de circo en el Teatro
Palacio Valdés.. Hice de todo, sí; pero no porque quisiera
hacerlo siempre, no; sino para que me aplaudieran. En la
extensión de la vida buscaba siempre el calor del público. Que
me aplaudiera... y lo demás, no me importaba.
-Ahora
con 70 años de edad, ¿qué cambiaría de su vida y de su imagen si
pudiera?
El nacer... Sí; porque, si me dicen hoy que yo
haría todo lo que hice... me lo tendría que pensar
detenidamente. ¿Motivos? He sido maltratado por la gente; no por
todo el mundo, claro, porque puedo presumir y presumo de tener
una Villa que me quiere mucho, es cierto. Pero hay cosas que no
encajan, cosas de personas que... que yo siempre las creí que lo
eran, que eran personas... y no lo son. Eso es lo que más daño
me hace. Si ahora tuviera que pensar en pasar por lo que pasé...
diría que no.
-De
todo lo que usted cantó en su carrera musical, ¿a qué canciones
les tiene especial afecto o de cuáles guarda un mejor recuerdo?
Bueno... Verá, era muy bonita la de los
Gavilanes... Luisa Fernanda... La de Soto del Parral... La
Tempestad, que canté en el Teatro Campoamor de Oviedo levantando
al público aplaudiéndome... Pude comprobar que la zarzuela
requería un estudio importante, porque no es lo mismo cantar un
aria de una zarzuela que cantar una obra entera, claro está
También canté canción mexicana,,. Salía caracterizado, vestido
de "charro", con mis pistolas. Iba a los Campos Eliseos y al
Teatro Arango de Gijón, al Principado, al Campoamor, al
Filarmónica de Oviedo... anduve por todos los teatros. Canté en
Valladolid, en Palencia... Siempre tenía éxito, la verdad...
Pero no cabe duda de que hasta para morir hay que tener padrino.
Y el que diga otra cosa, miente.
-¿Y
usted no lo tuvo?
No, no lo tuve nunca. Debió de ser que cuando
nací lo hice con el pie torcido... y no tuve quien me enseñara a
caminar bien, como hay que hacerlo para triunfar. Creo que es
muy fácil juzgar a los demás... y no juzgarse a uno mismo. Si yo
hubiera nacido en estos tiempos, es posible que hubiera tenido
la ayuda que necesitaba, no lo sé. Pero lo cierto es que todo lo
yo que aprendí me lo enseñó el mundo, la vida. Que, en
definitiva, es siempre la mejor universidad.
(Así es... un
avilesino realmente popular, conocido de todos, Ernesto
Baldajos... Baldajos: una vida entre mil canciones...
Mientras tanto, él sigue organizando festivales
y cantando él mismo en ellos. Y así seguirá, suponemos, hasta
que se muera).
José Martínez
|