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Teófila
Martínez Sáiz, reina de corazones gaditanos
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A uno ya no le cabe la menor duda: la arquitecta técnica,
Teófila Martínez Sáiz, de
raíces montañesas cántabras, sigue siendo la reina de corazones
de gaditanas y gaditanos, con los cuales está muy involucrada e
imbricada en sus
pequeños y grandes problemas. Y, aunque el que suscribe se vea
obligado a expresarlo poéticamente, éste sabe que es una
cuestión cerebral gaditana más que del corazón, o corazonada.
Porque, las gaditanas y gaditanos, saben pensar muy bien. Y
saben mejor lo que quieren. O sea, saben, quieren y aman con el
cerebro. El corazón, aunque sea vital para el conjunto del
organismo humano, se limita sólo a bombear sangre a éste; pensar
y razonar es misión sólo del cerebro. Lo demás es pura retórica
barata. Conviene atreverse a decir que los sentimientos son
cerebrales, emanan sólo de éste. Y seguirán votando a la
alcaldesa Teófila con el cerebro, no con el imprescindible
bombeo del corazón.
No en vano, con la actual legislatura, la alcaldesa Teófila
Martínez Sáiz ya tiene en el bote cuatro periplos gaditanos
ganados por goleada a la oposición en los

cuatrienales comicios electorales últimos a la alcaldía de Cádiz
hasta ahora. Y es que uno lo va entendiendo al mismo tiempo que
se sorprende al comprender que puede ser una mujer de instinto
básico (en todas sus acepciones u opiniones conceptuales) y de
armas tomar, pero no cabe la menor duda de que es dialogante y
encantadora. Ya nadie se traga la imagen que de ella siempre nos
pretenden vender desde la oposición. Por eso se puede apreciar
en ella a una gran señora que siempre está cerca del pueblo
gaditano que representa, con la cual uno se siente a gusto
cuando sus obligaciones y deberes le permiten soltarse a gusto
la rubia melena prodigando su cercanía y encantos, aún después
de haber ganado unas elecciones. Y es que es sabido que hay
quien, después de ganar unas elecciones, se aísla del pueblo
encerrándose en su torre ¿...?
Años ha, este espermatozoide en fase formativa y evolutiva
confluyó con la alcaldesa mujer, liberada de sus
obligaciones, en dos o tres ocasiones por las calles gaditanas
cuando ésta iba husmeando escaparates sin escolta al amparo de
los hermosos atardeceres veraniegos de la bella y antigua Gadir
fenicia en concomitancia con grandiosas puestas de sol que son
admiradas desde La Caleta o

zonas amuralladas que más de uno
comparan con El Malecón de
La Habana. No
en vano aquí se ruedan películas que necesitan ambiente
habanero. En aquél entonces ella no tenía ni idea de la
existencia de este plumífero escribidor. Y la vez que más
la recuerdo fue en el año 2005 en la Calle Ancha (es el epónimo
de la calle en cuestión) de la capital cuando estábamos ojeando
al alimón un escaparate. Ella enfrascada viendo el escaparate,
mientras que uno lo hacía con ella (también enfrascado, quiero
decir) a través del rabillo ocular. Y ella sin enterarse de que
había alguien que la estaba admirando, más que observando ¿...?
La memoria todavía reciente es la del año pasado en donde ya nos
hemos podido conocer, con fotografía conjunta los dos, cuando
uno tuvo la ocasión de pergeñar el reportaje de “La Regata del
2006”, con el título “Desde el
Atlántico Sur: una regata inolvidable”. Y
la verdad es que ha sido, es y será inolvidable. Y de esa
efemérides tengo muy presente la cariñosa nota de agradecimiento
que hizo llegar la alcaldesa Teófila a la redacción de este
periódico dirigida al que suscribe. Uno también tiene sus
sentimientos ¿cerebrales? y lo guarda como algo entrañable e
inolvidable a pesar de la mixtura de su redacción (es una mezcla
de redacción máquina-manuscrito) que uno supuso comenzado por su
secretaria a máquina y corregido por ella a mano. Un buen
detalle con visos de arrepentimiento en los modos y formas de
hacer las cosas.
Este año de 2007, un año después de “La Regata del 2006” ya
mencionada, y con la recién estrenada legislatura, nos hemos
vuelto a encontrar. Fue después de las 20:00 horas del día 21 de
julio en el Baluarte de
la Candelaria,
que está en la Alameda Marqués
de Comillas
-en donde días antes había estado yo admirando y

aplaudiendo a
unas geniales chirigotas gaditanas que “no se puén aguntá” de lo
bien que lo hacen esos artistazos-. Pero no sin antes sortear
esta vez las trabas y dificultades para acceder hasta donde
estaba la alcaldesa Teófila dentro de tal recinto emblemático
gaditano. Hubo momentos que a este “Tipógrafo del Far West”
le parecieron estar viviendo una odisea sin llamarse Ulises: en
la entrada al Baluarte de
La Candelaria,
tras unas enrejadas puertas, había tres cancerberos de guardia
que había que sortear. Arduo fue disuadirles para que le dejasen
pasar a uno a saludar a mi admirada cántabra, alcaldesa de todos
los gaditanos y gaditanas. Primero fue uno de ellos a verla para
comunicarle mis intenciones de saludarla, advirtiéndoles que ya
había cenado para que no pensasen que iba con intenciones
neuro-gastronómicas o a mangar. Luego se iban
turnando entre los tres para comunicarle a la alcaldesa mis
reiteradas y sanas intenciones de entrar sólo a saludarla y
hacerle unas fotos para la posteridad de tal evento gastronómico
en

compañía de los mayores gaditanos y… para este periódico.
Pero he aquí que el suscribiente recordó ¡Aleluya..! que
tenía en su poder unas tarjetas de tipo comercial en el bolsillo
y, esgrimiendo y exhibiendo una, se la entregué a un guardián de
lo correcto e incorrecto. Y se la entregó. De inmediato, me
recibió.
Nadie pudo reflejar el momento en que me recibió con grandes
muestras de simpatía y cariño -sería una veleidad narrar aquí
el cariñoso momento del recibimiento que me hizo-, como lo sabe
hacer con cualquier ciudadana o ciudadano de buena voluntad de
Cádiz. Sin discriminar. Como ella es: única. Como la conocen en
Cádiz. Uno la veía sana, fuerte y robusta, con mucha entereza,
alegría y ganas de vivir; y con sobradas energías positivas, mal
que les pese a los que ya no contaban con ella. Y uno cree que
van a tener alcaldesa Teófila para dar mucha guerra a sus
detractores, que no a sus contrincantes políticos porque ella es
muy respetuosa con las demás ideas, aunque no las comparta.
En esa cena, la alcaldesa homenajeaba a los mayores de “Cái” en
compañía del Concejal Delegado de Bienestar Social y del Mayor,
José Macías Teodoro (en la
foto, a la derecha de la alcaldesa); también le acompañaba el
octavo Teniente de Alcalde y Concejal Delegado de Comercio,
Industria, Mantenimiento y Mobiliario

Urbano, Parque Móvil y
Alumbrado Público, Juan Antonio
Guerrero Vázquez (en la foto, a la izquierda de la
alcaldesa); también le acompañaban la Cuarta Teniente de Alcalde
y Delegada de Familia y Coordinadora de Distritos,
Mercedes Colombo Roquete y
otros que la cámara no captó en la misma mesa, parecida a la del
legendario Rey Arturo, que era para ocho, diez comensales o más,
o sea una tabla redonda cargada de sabrosonas viandas con platos
individuales a base de jamón ibérico, queso manchego, caña de
lomo, langostinos tigre, gazpacho andaluz, medallones de
solomillo ibérico al oloroso con patatas confitadas y verduras
orientales. Para los postres tenían raciones de Tarta del
Obrador. También tenían preparadas bebidas que acompañarían a
las viandas: cerveza, refrescos, Manzanilla y Oloroso de la
provincia, Rioja, agua mineral y Cava ¿Qué más pudieron pedir..?
Pero antes de dar buena cuenta de tales manjares, Después de la
recepción de los invitados (los mayores homenajeados), hubo un
saludo de la alcaldesa Teófila para todas y todos los comensales
invitados que sirvió de señal para entrar al ataque a las
exquisitas viandas. Amenizado todo con la actuación del “Grupo
Solera de Cádiz”; grupo músico-vocal “Vistahermosa”; y
rematándolo todo con Baile discrecional amenizado por la
orquesta “Musicalia” ¿Hay quien dé más a los mayores? Diría,
como uno suele despacharse a veces, que “así se las ponían a
Felipe II y decía que era mentira”
¿...?
Y ya antes, en los entremeses de esa cena, uno pudo observar
cómo, en un goteo constante, las personas mayores homenajeadas
se levantaban de las mesas para

acercarse hasta ella a
saludarla, felicitarla, besarla, abrazarla y otras muestras de
afecto y cariño. Muestras que son y siguen siendo muy evidentes
en el devenir diario de la alcaldesa con las gaditanas y
gaditanos. No en vano, en Cádiz, como en su momento ya manifesté
aquí, la ciudadanía gaditana elije a la persona Teófila Martínez
Sáiz, no a las siglas que ella representa. De esa guisa, este
que suscribe obvia aquí unas siglas con las cuales se presenta y
representa porque lo importante para la sociedad gaditana es
ella. Y para este plumífero escribidor, que estaba
flipando con tal acontecimiento y demostración de cariño,
también.
Luego, con nocturnidad y alevosía, me fui a contemplar la
hermosa fachada del ayuntamiento en la plaza de San Juan de Dios
porque estaba cercano su andamiaje para afrontar su
rehabilitación. Y de esa forma, también con premeditación, me

quedé con la parte central de su incomparable fachada tomada
desde la parte central de la plaza entoldada que, con mucho
acierto, la cubren llegada la época veraniega para protegerse
del sol gaditano que hace mella cuando cualquiera desea
descansar en uno de los bancos de la plaza. A continuación
continué por la Calle Pelota hasta la catedral cuya instantánea
se tomó el día anterior por la mañana.
Uno hubiese deseado tener un hada madrina que le concediese el
don de la ubicuidad en ciertos momentos de su vida para
manifestar todo lo que ve y va sucediendo diariamente en varios
escenarios de esta hermosa y antigua ciudad fenicia a la vez.
Pero no. Uno está obligado también a mirar hacia atrás. Y
retrocediendo a la mañana de ese mismo sábado de la folixa
(en asturiano, juerga) nocturna que dedicó la alcaldesa
Teófila a los mayores de Cái, este “plumífero escribidor”
ya había dado la bienvenida al bergantín-goleta “Juan
Sebastián Elcano”, de
113 metros
de eslora, 13,2 de manga, 6,3 de puntal, 48,7 de guinda, 7,3 de
calado; con una velocidad máxima de11 nudos, sin velamen (a
motor) y una

autonomía, a 5,5 nudos, de
13.000 millas,
cuya arribada ya había tenido lugar el día anterior, viernes
20. Y después de disfrutar de la majestuosidad de ese
gran velero de la Armada Española, que venía de hacer su periplo
por lugares allende los mares de otros países en misión
formativa de nuestros guardiamarinas, uno se dedicó a recoger
imágenes y observar cómo se le daba la bienvenida con grandes
muestras de cariño de familiares y simpatizantes al alimón con
las oficiales de las formaciones militares con sus mandos al
frente y bandas de música militares y de cornetas y tambores de
Infantería de Marina para acompañar al almirante y otros jefazos
con galones que ya no les cabían en la bocamanga, que eran los
que encabezaban la formación de bienvenida.
Este “espermatozoide en fase formativa y evolutiva”, no
conformándose con las vistas generales diurnas o nocturnas de
ese majestuoso y gran velero de nuestra Armada, sin que sirva de
precedente, porque uno tiene verdadero pánico a la navegación
por mar y aire, en la mañana del domingo día 22 de julio se
atrevió a visitar la cubierta del “Sebastián Elcano” por
curiosidad, ya que había un horario de

visitas establecido. Y
mereció la pena. Es por lo que uno da rienda suelta a las
alabanzas viendo la majestuosa estampa de nuestro velero más
emblemático porque siempre ha creído ser justo en esa
apreciación. También he quedado gratamente sorprendido por la
brillantez y pulcritud en la limpieza dentro del
bergantín-goleta de 4 palos. Como también se podía apreciar cada
cosa en su sitio y cada sitio con su cosa. Chapó. Además,
también quedé muy agradecido a la dotación: no sólo saben
desplegar velas, también saben desplegar simpatía y atenciones
la marinería, guardiamarinas, suboficiales y oficiales (al
comandante y sus segundos, como es natural, que se reservan para
visitas de más rango, se les supone ¿..?). Y, a petición mía,
la foto en la cubierta del gran velero me la hizo un
contramaestre 2º de
la Armada (sargento 2º al cambio) que se mostraba amable y
solícito sin excepciones.

Al mismo tiempo, en la misma dársena de la bahía gaditana donde
estaba amarrado el Juan Sebastián Elcano, un
transatlántico con un pasaje considerable, con una guinda
(altura) que sobrepasaba con creces a más de diez pisos de un
edifico cercano al puerto gaditano, sin contar con el calado que
podía suponer un tercio más, tenía a casi todo el pasaje de
visita turística deambulando por las estrechas calles gaditanas
haciendo sus compras para el recuerdo y disfrutando de las
vistas de la “Tasita de Plata” desde uno de los autobuses
turísticos que ruedan de día por “Cái” (“Bus Tour” lo llaman).
Pero todo eso es muy normal en Cádiz. Uno no deja de asombrarse
al ver tamaños buques de tan considerables dimensiones que, a
pesar

de tener varios puertos de mar en Asturias, nadie guipa
alguno semejante por esos lares.
La otra cara de la moneda es la estampa negativa que siempre se
ofrece a cualquier visita por las calles de “Cái”. En este caso,
como una mínima muestra, también se puede apreciar el turismo
mendicante en cada esquina de cada calle gaditana en
concomitancia con el turismo de los ricos o de los menos pobres.
Pero eso también ocurre en otros pueblos y ciudades de toda la
geografía española. Lo mismo pasa con la picaresca dentro de la
hostelería y otros servicios ofertados al ciudadano en

cualquier pueblo o ciudad turística española. Existe tanto abuso
que raya con lo delictivo.
Isidro Suárez
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