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Rañón sube al Titanic |
¿Recuerdan la
película de los noventa sobre el Titanic? En ella, el
protagonista gana, junto con un compañero de juego y al póquer,
dos pasajes para embarcar en el supuestamente insumergible barco
británico...rumbo al paraíso americano. Ya sobre cubierta,
sucede toda la historia que tantas lágrimas hizo derrochar por
aquellas fechas, sobre todo al ver como el
DiCaprio se hundía en
el agua helada tras el naufragio, tras tropezarse tontamente con
el iceberg. El personaje de Leonardo, pintor pobre pero con
mucho mundo mundial e incluso parisino encima, se liga a la
chica, la rebelde prometida del supermillonario... alterna con
la jet del barco, los ociosos ricos de pasaje de primera
especial y smoking ajustado al cuello en cada comida regada con
champán y adobada con el mejor caviar que pensarse pueda por
gourmet alguno... Y ello, claro, aunque el pasaje del personaje
leonardino y dicapriense es de los de abajo, de los pobres y
emigrantes que se adocenan en los camarotes que primero han de
hundirse y para los que a fin de cuentas y de naufragio faltarán
lanchas y hasta salvavidas... que así son las cosas de las
clases sociales, o mejor de las clases que establece el
dinero...y su falta de él. Al final, el simpático personaje de
Leonardo, se hundirá. Eso sí, previamente habrá quedado heladito
y muerto, tan polar como el trozo de témpano que abrió en canal
y por las partes bajas de su casco al insumergible Titanic. La
chica le recordará siempre, hasta llegar a los ciento dos añitos
del ala. El retrato picarón que le hizo el jovencito amundado en
el camarote del prometido rico antes de irse de picos pardos al
coche aquél de lujo guardado en las bodegas de equipaje y cuyos
cristales aun sin securizar se empañaban con el exceso de amores
(si es que el amor puede llegar a ser excesivo, que esa es otra
y para otro día...), será rescatado ocho décadas después por los
buzos robotizados de entre las fauces de una caja fuerte sucia y
ennegrecida, pero sirviendo como gráfica y edulcorada prueba de
una historia corta e intensa entre dos jóvenes que supieron
hacer de la proa del coloso marino su personal atalaya desde
donde al tiempo que se dejaron acariciar por la brisa marina de
más de veinte nudos...divisaron su futuro. Incierto...pero
futuro.
Fijémonos,
pues, en el armazón argumental de esta tan sentimental y
tristona historia que sirve de esqueleto para (una vez subido el
chico al Titanic) hilar la bonita trama del film de
Cameron: 1/
Chico pobre conoce a chica semi-rica cuasi-empobrecida y forzada
prometida de señor super-rico. 2/ Chico se enamora de chica. 3/
Chica se enamora de chico. 4/ Chico y chica hacen planes para el
futuro. 5/ Iceberg se interpone en esos planes. 6/ Con el barco
hundido, parece que todo se va a arreglar, sobre todo si los del
rescate llegan pronto a los restos del naufragio. 7/ El rescate
no llega a tiempo. 8/ El chico se hunde lenta y plásticamente...
pero se hunde. 9/ La chica se crece en la desgracia, toca el
silbato y empieza una lucha encarnizada contra su aparentemente
irremediable destino. 10/ La chica se salva... y cumplirá ciento
dos años… Se acabó. Punto final… Y final feliz... a lo que
parece. Ya, pero... ¿qué ha sido del chico, del pintor dicapriano? Pues eso: hundido. Hundido y, si no fuera porque al
parecer el DiCaprio es (o era, a la sazón, que los años no pasan
en balde) un guaperas, hundido y hasta... ¡¡olvidado!!
Hasta aquí, la
historia, la peli, el culebrón, la trama... la cosa. Tal cual.
Pero ahora toca un ejercicio de imaginación (a veces mucha, lo
entiendo) para aprovechar la

percha que nos
ofrece y utilizarla como símil... En una palabra:
¡¡politicémosla!! Imaginen como puedan que el joven pintor
dicapriano y mundohabiente de nuestra historia es ni más ni
menos que... el portavoz de IU en el ayuntamiento avilesino. O
sea, Rañón. Imaginen que el barco insumergible es la izquierda
unida de Rañón, Iglesias
y Llamazares... pues hay otra, no lo duden. Imaginen que la chica semi-rica es la número uno de
la candidatura socialista, Varela. Imaginen que aquí, claro,
todo enamoramiento es esencialmente político... o de
comprensible vocación de poder, por decirlo de manera más
exacta. Imaginen que, lejos de toda duda razonable, el
enamoramiento se traduce en un pacto entre el grupo político de
Varela y el de Rañón... al margen de cualquier opinión (más o
menos pronunciable) que ustedes tengan sobre tal acuerdo. E
imaginen, en último lugar pero nunca lo último, que el iceberg
cortante es ni más ni menos que... el partido comunista del
roqueño Paco Frutos… ¿Imaginado todo eso...? Bien. Pues... aparte de la fecha
exacta y la hora del naufragio... ¿qué más necesitan ustedes
para aplicar nombres y situaciones a la plantilla de la trama decalógica que antes exponíamos? Nada, por supuesto. Pues le
viene como un guante y de la talla exacta…
¿Cuáles son las
razones por las cuales el portavoz Rañón habrá necesariamente de
pasar de la categoría de político-corcho (es decir, siempre a
flote) a la de náufrago del Titanic...? Fácil... No cumple las
tres características clásicas que según se cuenta deben adornar
a todo político que se precie de hábil, durable y duradero. Es
decir, y mejor por este mismo orden:
Prudencia,
Sapiencia y
Contención Verbal (lo que
para entendernos aun mejor llamaremos coloquialmente
Lengua Corta).
¿Quieren que
hagamos un repaso de esas tres virtudes aplicadas a la persona
que nos ocupa en este artículo? Bien, ustedes lo han querido...
Vamos con ello...
Y vamos en primer término de excursión en terreno resbaladizo de
la Prudencia... Qué quieren que yo les cuente, miren... Sin
entrar a bucear en términos más propios
de estudios políticos, de politología (que no viene a cuento
aquí y ahora), el bonapartismo es un tipo de sistema de
organización política que viene caracterizado por la existencia
de un caudillaje carismático, que anula las libertades reales,
al tiempo que mantiene las apariencias de democracia y
existencia de esas mismas libertades. El bonapartismo así
entendido, implica un pacto de apoyo en las clases medias y la
pequeña burguesía. Supone el reforzamiento considerable de las
estructuras burocráticas del Estado. Y su característica
principal, en cuanto a formas, es que se mantiene compatible
con las formas plebiscitarias y autoritarias de la democracia.
Es el bonapartismo, en fin y democráticamente hablando, un
cascarón vacío que encierra en su interior un sistema
dictatorial, encabezado por el dicho caudillo. El término, pues,
ha evolucionado desde que defínía el paso de
Napoleón Bonaparte
por la historia de Francia y de Europa. En tales términos, el
bonapartismo no era otra cosa (además de lo anterior, que se le
presupone) que el sistema de gobierno que permitía que las
naciones europeas delegasen su soberanía en un príncipe escogido
entre la familia o el entorno de un Napoleón militarmente
triunfante. Naturalmente, hasta Santa Elena.
Dicho esto,
¿qué pinta el coordinador de Izquierda Unida en la Villa del
Adelantado vestido de Napoleón y trasplantado al salón principal
del Palacio de Ferrera, en su anterior decoración, la vigente en
vida de sus propietarios titulados? Bueno. Si quieren, estamos
hablando en metáfora, en el terreno de los símbolos, en el de
las comparaciones llevadas al extremo para hacer evidente lo que
se quiere resaltar con la figura. No se trata de que el
vicealcalde o (teniente de alcalde) avilesino, haya ingresado
en el registro de a nobleza española, pues. No se trata de
analizar ahora aquí sus méritos para semejante “ascenso” social
del señor Rañón, que no viene a cuento y queda para sus adentros
y para los miembros de su formación política,

sobre todo.
Sino que se trata simplemente de encasillar, si quieren a modo
de caricatura, una situación a medio camino entre lo político y
lo personal, lo humanamente personal. Pero que, dada la estadía
temporal del supuesto noble bonapartista en el sillón (uno de
ellos) del gobierno local, nos permite –nos obliga, mejor diríase- a hablar del asunto.
Es decir, que
en esa ilustración gráfica hay dos símbolos, dos imágenes, dos
caricaturas hechas idea: una, la caracterización del coordinador
de IU local y vicealcalde como un bonaparte local cualquiera;
otra, su adecuación al marco del otrora palacio del marquesado
de Fererra, hoy magnífico hotel, por cierto. Cada cosa, pues,
la trataremos de explicar a su tiempo. Y la primera, ahora
mismo.
Sobre el
carácter plebiscitario del “régimen” interno algo más que
supuestamente implantado por el vicealcalde, en su partido
político... de lo que desde ahora llamaremos con todas las
comillas que ustedes quieran, “rañonismo”, bien poco hay que
decir. Simplemente basta con dejar al personal, al avilesino
medio, o al entero. Y, sobre todo, dejar a sus mismos compañeros
políticos, los críticos de su mismo partido, y que lo son desde
hace ya algún tiempo, y más a raíz del pacto firmado con el
sector mayoritario del PSOE local. Estos críticos del
bonapartismo de Rañón, del "rañonismo", recientemente han dado a
la opinión pública su opinión sobre la situación de su partido
mediante un escrito firmado por 74 de ellos, y publicado en la
prensa local.
Pero también es
aleccionadora a este respecto de profundizar en el movimiento,
su propia definición o manera de entender la democracia (la del
vicealcalde Rañón), y la democracia interna de una organización
política (también la suya). Veamos. Dice este líder
cuasibonapartista
a propósito del funcionamiento de la democracia interna: “Izquierda
Unida es una organización que tiene por costumbre discutir
mucho, pero que toma decisiones después de votar”. O bien: “Está
bien discrepar, pero luego se vota y lo que hay que hacer es
ganar las votaciones”. O también: “En IU no hay colectivos
críticos”. No hacen falta mayores comentarios. Stalin, no lo
hubiera dicho mucho mejor, aunque seguro que con más flores, con
más gracia, con mayor riqueza de expresión. Sin duda… Y así,
cuando un grupo de 74 personas ligadas a su partido escriben una
carta abierta y firmada con sus nombres y sus apellidos y
denunciando precisamente que “hace falta terminar con la
dinámica cupular y antidemocrática en nuestra
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(la suya y la de Rañón)- organización (IU), ya que la
participación de todos es fundamental para la superación de los
problemas”.
O bien añaden los mismos críticos que “más (incomprensible) aun
lo es la actitud antidemocrática del coordinador local de IU,
negando de manera reiterada los locales de la organización para
reuniones de este colectivo -(los firmantes)-, que lo
único que pretende es mantener la dignidad, la coherencia y
unidad de esta organización”. O esto otro, en el mismo
escrito crítico:
“Es
fundamental, a nuestro entender, la participación activa de toda
la militancia y simpatizantes para denunciar las prácticas de
prepotencia, desprecio y de persecución hacia unos militantes
que lo único que pretenden es aplicar nuestro programa y
mostrarnos ante la sociedad como la organización política de la
izquierda real”. Pues bien; a estas críticas, el caudillo
bonapartista no tiene otra cosa más importante que decir que
todo eso se trata de “una falta de respeto a la mayoría”.
O
sea, que el sistema del caudillismo bonapartista, contadas sus
huestes internas y atados los pactos que lo mantienen, ha tomado
la decisión (sabia para sus intereses) de cambiar la razón
dialéctica propia de la discusión... por la simple razón del
voto. Somos algunos -los que sean- más…luego: ¡¡ tenemos
razón!! Es lo que viene a decirse aquí, por otro lado nada
sibilinamente. Eso, que hasta podría aceptarse en un
entendimiento puro y duro del valor del voto en las asociaciones
políticas, se cae por su base cuando tenemos en cuenta que lo
precisamente denunciado (no las
"formas" del caudillo, sino el
"fondo" real del problema) se atiene a lo escrito y no
desmentido ni borrado en los “papeles” del partido antes de que
el caudillo bonapartista ocupase el trono, el sillón, la cosa
potencial... Es decir: el caudillo bonapartista del año 2004,
dice exactamente lo contrario de lo que él mismo decía antes de
los pactos del año 2003 que dieron con sus huesos en el sillón
de la vicealcaldía avilesina. Un asunto de clara coherencia
política, como puede verse. O de intereses patrios, no está
claro. O eso, o el caudillo bonapartista simplemente va y se
calla. Táctica común de "la callada por respuesta", torpemente
camuflada de contestación supuestamente titularizable. Pues es
ya parte del saber troncal de los avilesinos, sobre todo de los
periodistas que cubren el día a día de la información local
avilesina, el donaire, la donosura y el modo galante con el que
responde el vicealcalde a una pregunta incómoda que le recuerde
sus posturas de hace quince meses sobre temas de importancia
para la política avilesina: “Eso es cosa mía”, o el aun mucho
más directo aun “eso no te lo voy a contar a ti”. Mientras se
queda tan fresco como estaba antes de la pregunta.
¿Cómo se puede llamar a eso, además de no saber que se está
ocupando un cargo público retribuido por los ciudadanos y que a
éstos les debe cuantas explicaciones quieran demandarle? Sin
duda, hay muchos nombres para la actitud. Quedémonos con la tan
manida "prepotencia", con "soberbia de poder", o... con esa
“especie de bonapartismo”.
O, ¿cómo
calificar sino la respuesta dada al líder de la oposición en el
ayuntamiento avilesino, cuando éste le pregunta por el extraño
asunto de los permisos de dudosa existencia y de incierta
legalidad concedidos (o no concedidos, vaya usted a saber..) a
propósito de las obras de un edificio de la calle de La Ferrería
destinado a oficinas municipales, y en las cuales se eleva un
enorme saliente en su tejado que rompe absolutamente con el
sentido común de más manga ancha y con los usos de la zona. Y
que más que posiblemente encierre unas obras ilegales, agravado
por el hecho de ser llevadas a cabo por el propio Ayuntamiento,
quien debiera dar ejemplo y el primero de la aplicación de norma
urbanística, a los ciudadanos.. Pues, pásmense quienes aun
puedan hacerlo, así es la respuesta a esa pregunta: “El PP
-(partido en la oposición)- está en contra de los intereses
públicos”. Lo cual, podrá ser cierto o falso, eso no viene mucho
a cuento ahora. Pero lo que el caudillo bonapartista viene a
decir aquí es, más o menos, "el interés público soy yo", yo lo
defino, y nadie más que yo. O también la respuesta (en el mismo
contexto de respuesta al PP y al mismo propósito) ya incorporada
a la chusquería local: “Más le valdría mirar los expedientes que
pasearse por la playa de Salinas”, espetado al dicho portavoz
opositor, el cual actuaba (se supone) en su pregunta siempre en
cumplimiento de su tarea de vigilancia de la acción del poder de
turno.
Por no hablar,
claro, y a este mismo propósito de su aportación a la
terminología jurídico-administrativa, cuando el vicealcalde y
especie de caudillo bonapartista habla de un
“desajuste
administrativo en la tramitación burocrática” para referirse a
la dicha y cuestionada legalidad de esas mismas obras de La
Ferrería. Olvida el vicealcalde metido a jurista que una obra, o
es legal, o no lo es... y no hay (por ahora, y Rañón mediante) un
término medio. Y también olvida o desconoce que la Villa de
Avilés no le puede aceptar pulpo (es decir el “desajuste en la
tramitación burocrática”) como animal de compañía, en este caso
concreto. Su “desajuste en la tramitación burocrática”, quizá le
habrá convencido a él, y puede que a su conciencia, y a lo mejor
a su grupo político o la parte que aun le apoya; pero, lo
sentimos, para el resto de la ciudadanía... no cuela. Y
contraataca con la dosis justa de populismo: “Todavía ayer me
felicitaron en la calle por lo rápido que damos las licencias”,
dijo el ilustre munícipe en compensación de los errores y seguro
que como prueba del apoyo y el respaldo (la “mayoría popular”,
se supone, etérea y que se sitúa más allá de las propias urnas)
que le respalda. Olvida el vicealcalde que aunque le aplaudan
por las calles y echen palmas a su paso en Domingo de Ramos... un
permiso es un permiso, y o es legal, o no lo es. Y eso vale
tanto para el (hasta ahora al menos) vicealcalde, como para cualquier humilde comunidad
de vecinos que quiere cambiar el suelo de su portal. O mucho más
para él, o así debiera ser al menos.
Lo peculiar del
caudillismo no es sino que la voluntad del caudillo, del jefe,
del líder, ni se discute ni se razona. Al menos, abiertamente. Y
los cambios en su manera de pensar, solamente le competen a él;
más allá de su voluntad, el abismo; por encima de él, dios (en
unos caso) o la Historia. Y no otra cosa que esto es lo que se
dice en la carta hecha pública en su día por el considerable colectivo de
gente (el caudillismo también tiende a minimizar al rival, y
convertirlo en enemigo social) del partido de nuestro Bonaparte
municipal: “No es admisible -se entiende que para IU- aceptar
sin más convenios urbanísticos que en el anterior mandato esta
organización -se refiere a IU, liderada a la sazón y como hoy
por Rañón- calificó de auténticos pelotazos”, dicen
los críticos en su carta abierta.
Porque
precisamente esa es la pesadilla de nuestro entrañable Bonaparte
municipal... Cada día, se encuentra con una sombra del pasado que
viene a estorbarle el sueño feliz de su (hasta ahora al menos)
sillón de vicealcaldía. Son -los hemos citado muchas veces ya,
pero vienen rodados- los fantasmas de los muertos de Ricardo III
cuando la noche antes de la batalla se le aparecen al usurpador
del trono en su tienda de campaña, y le recuerdan sus
pecadillos. Es, al fin, la literatura shakesperiana hecha
realidad, una vez más.
Lo más curioso
de todo, es que la mayoría de la que habla el bonapartista
coordinador de IU en Avilés, es algo más que limitada. Al menos,
no tan amplia como para forzar decisiones que comprometen la
línea histórica del partido político IU. No se olvide que desde
año 2003, en que se abrió la crisis de IU local por el pacto a
ciegas y poco justificado con el PSOE, las fuerzas están casi igualadas, con
márgenes escasos entre los rañonistas y los críticos. E,
incluso, en la misma cúpula de poder, su equipo ejecutivo, no
tiene ni mucho menos unanimidad, y sí una amplia contestación
interna de su acción política, como quedó de manifiesto en la
reciente reunión interna tenida para aprobar los cambios
considerables de IU en sus posturas anteriores respecto al Plan
Urbanístico en preparación actualmente, y que fue fuertemente
criticado por IU y Rañón hasta su llegada al poder de la mano de
Santiago Rodríguez y Álvaro Álvarez. Al poder, y a un
aumento considerable de su legítima paga mensual con dineros
públicos; cosa que no dicen públicamente
sus críticos, pero que sin embargo -y porque siendo
fácilmente comprobable- corre de boca en boca dentro
y fuera de su formación política.
¿Acabará este
nuevo bonapartismo con su reclusión en la desolación de Santa
Elena? Eso es algo que los miembros de IU (primero) y los
electores avilesinos (después) tienen que decidir cuando les
corresponda democráticamente… Pero en este mismo sentido, desde
luego que los resultados de IU en los encuentros electorales
sucedidos desde el pacto local con los socialistas, no les
augura nada bueno, dada su notable tendencia descendente. Si
fuese una empresa, el consejo de administración estaría ya de
patitas en la calle. Pero, claro, para mal o para bien, un
partido político no es una empresa... todavía. Si acaso,
tendrían los partidos algo más de parecido con una muy sui
generis agencia de colocación no declarada. Eso sí.
¿Y el
decorado…? ¿Por qué Bonaparte sentado en los salones del
antiguo marquesado de Ferrera? Fácil, otro símbolo, otra metáfora
política. Como saben, marquesado viene de marques. Y marqués,
viene de marca, que no era otra cosa sino el término del alemán
antiguo marka, utilizado para designar el territorio fronterizo,
aquellas provincias o distritos de un reino situados en terreno
fronterizo con otros rivales. Fronterizo... ¿Lo cogen? Pues eso,
que las fronteras (y las políticas y partidarias, aun más) se
cruzan, como ha quedado patente a lo largo y lo ancho de la
historia.
Pero, dejemos a
la historia, a los miembros de IU y a los electores avilesinos con sus derechos correspondientes y sus opiniones de futuro
sobre esa especie de bonapartismo del vicealcalde Rañón. A
nosotros, periodistas, nos toca ahora sobre todo poner
todo lo dicho de manifiesto, contarlo, opinar sobre ello... denunciarlo, a fin de cuentas.
Porque, claro, Bonaparte no nos puede ni echar de sus locales,
ni amenazarnos con quitarnos el sueldo… Esa es la grandeza de la
libertad de expresión, enmarcada dentro de la Libertad con
mayúsculas. Una libertad que solamente culturizada y sabia se
mantiene en pie. Una libertad que se nutre tanto de formas como
de fondo. Una libertad que respeta la opinión ajena, aunque sea
contraria. Una libertad que, sobremanera, la ignorancia niega y
discute. Una libertad, en fin, que dudamos bastante anide en los
entresijos cerebrales de nuestro Bonaparte municipal, aprendiz de caudillo al fin. Por desgracia para
todos, empezando por él mismo, claro. Pero eso... eso es ya otra
historia.
Vamos ahora
con la Sapiencia...y
veamos los índices de la misma aplicada a nuestro caso concreto
(al portavoz, se entiende) en uno de los terrenos cuyos jardines
teórico-prácticos más le gusta pisar al portavoz Rañón: la
economía. Cierta e
inexplicablemente... la economía, sí... Permítanme lectores
pacientes que ahora y en este punto despliegue un proemio ad hoc...
o sea, algo que le viene que ni pintado al caso, que diría un
lego en latinajos. Verán... Estarán conmigo en que si
alguien le cuenta a sus amigos que a él le gusta endeudarse, así... como deporte, es más que probable que le
tilden de loco, de insensato, de irresponsable. Para esa figura
de quien dilapida su patrimonio compulsivamente y sin echar ni
cuentas, llegando mucho más allá del límite hasta donde puede
llevarse el gasto sin quebranto de la estabilidad de la economía
familiar del sujeto en cuestión, el
Derecho tiene un nombre, un
adjetivo, una palabra, una idea. No lo decimos aquí, por no dar
pistas a algunos insultones; y el que quiera saber, oiga usted,
pues que se moleste en mirarlo, que no es complicado. En todo
caso, a este tipo de personas, que son capaces de llevar sus
economías a la ruina, y con ellas ellos mismos y quienes están
bajo su cargo y (supuesta) responsabilidad, las leyes establecen
cauciones y medidas para que no hagan más daño del ya efectuado.
A sí mismos, claro, y a sus cercanos. En los tiempos que corren,
por contra, hay casos en que este carácter de

dilapidadores resultan encima premiados. Es el
caso de ciertos cargos públicos (ministros, claro, pero sobre
todo consejeros, alcaldes y concejales varios) que sostienen la
curiosa teoría (por llamarla de algún modo) de que la
buena
gestión del dinero público consiste en gastarlo todo... Todo el
presupuesto y más allá de éste: hasta endeudarse. Consideran
que en ello consiste el ser de izquierda "pata negra". Les
importa un rábano quien vaya a pagar esa deuda. Les interesa muy
poco en qué se gasten esos dineros comunes. Ya sea en viajes, o
en sueldos o asesores de necesidad dudosa, en voladores festeros
o en bautizos civiles... tanto da. Ese dinero se considera gastado de una
forma especial: la de "la izquierda".
No
hay manera, a esos manirrotos irrecuperables, de convencerles de
la
razón de los números, o de insertarles en los
números de la
razón (las cuentas de la vieja, vaya). Tiran para adelante con
sus líos y sus mantas. Y nos endeudan, a los ciudadanos, hasta
las cejas. Lo esconden tras lo que podríamos llamar la
"teoría
de la hiperdeuda creciente"... Y se quedan tan frescos. Una
muestra de esto que decimos, puede verse en las sucesivas
declaraciones a la prensa y en las intervenciones en las
sesiones plenarias del ayuntamiento avilesino tenidas por el
(hasta ahora al menos) vicealcalde y eventualmente (hasta ahora
al menos) alcalde en funciones y portavoz, Rañón, se dedica en
estas sus alocuciones, y muy pertinaz y sistemáticamente a
destrozar las más racionales creencias económicas y las aun
mínimamente coherentes expectativas ideológicas. Creencias y
expectativas ajenas ambas, que no propias; pues difícilmente se
puede minorar o destruir aquello que muy escasamente se posee.
Ciertamente, y casi siempre pretendiendo apabullar
argumentalmente al periodista, al tertuliano, al debatiente
televisivo o al concejal de turno... el citado concejal, (hasta
ahora al menos) vicealcalde y portavoz (y siempre en un tono
propio más de taberna que de tabernáculo y que por demás hace
innecesario y hasta sobrante todo sistema de megafonía al uso)
se esfuerza con ímpetu digno de mejor causa a pelearse con la
razón y a hacer añicos cualquier planteamiento mínimamente serio
en asuntos económicos. Dicho de otra manera mucho más gráfica,
cuando el vicealcalde y portavoz opina (por decirlo de algún
modo) sobre economía... más parece que lo hiciera como
propietario y gestor de una empresa que se titulase algo así
como "Economicidios Rañón, S.L.". Rótulo en el que, por cierto,
la "S" no tiene necesariamente por qué significar siempre
"sociedad".
Verán. No se trata de que un político local deba dar cada vez
que abra la boca una lección magistral de economía. Por otro
lado, cosa que algunos intentan a veces con evidente fracaso
práctico (aunque con una verborreica apariencia de tecnicismo
que contenta a los suyos a lo que parece). No son lecciones
magistrales…, no es ciertamente eso lo que se pide. Pero entre la clase
magistral y la charleta de barra de tasca... se ha de
suponer que siempre hay un
término medio. Medio término que este tipo de intervenciones
toscas y desmañadas a las que nos tiene acostumbrado el (hasta
ahora al menos) vicealcalde y portavoz... consiguen dejar
sistemáticamente muy por las nubes. Su planteamiento habitual y más recurrente, ante la fuga hacia adelante en que
está consistiendo (con la aportación inestimable del grupo
político municipal del hasta ahora al menos acalde en
funciones) la gestión económica del gobierno que
gozamos los avilesinos, consiste simplemente en subir los impuestos si se puede,
pedir más dinero a los bancos... y sentarse plácidamente a esperar que pague el
que venga. O,
más peregrino aun, apelar a una supuesta
intervención “estatal”
(¿acaso un Ayuntamiento no es Estado, parte de él?) en socorro
de los endeudados, a cuenta de una supuesta demasía de servicios
a cargo de los ayuntamientos.
Regularmente suele apelar el vicealcalde (hasta ahora al menos)
y portavoz a la
generalización del endeudamiento municipal.
"¿Alguien me puede decir un ayuntamiento que no esté
endeudado...?", clamaba no ha mucho la tosca voz de la supuesta
izquierda estatista y endeudadora, en una aun no muy lejana
sesión del pleno municipal. Pues la respuesta es bien sencilla y
comprobable: los hay. Claro que los hay. Y alguien por estos
pagos debería repasarse bien la lección. Y, sobre todo, los hay
-y muchos- que mantienen una deuda mucho menor, y que intentan
salir de ella; o cuando menos aminorarla. ¿Cómo? De la única
forma posible: con
ahorro, con
austeridad, con lo que en
términos coloquiales se denomina
apretarse el cinturón. Pero tal
parece que el vicealcalde (hasta ahora al menos) y portavoz no
suele llevar ese tipo de cinturón; o en cualquier caso que no
tiene ya agujeros para podérselo apretar más. Y, por eso, echa
mano del cinturón ajeno... eso sí, con apretón a plazo más o
menos lejano. Es decir, lo de siempre: ya lo pagará alguien, y
en el peor de los casos, aumentamos impuestos… Y es que el
contribuyente lo aguanta todo.
No
pediremos nunca que el vicealcalde (hasta ahora al menos) y
portavoz nos hable (algunos, en tan sonado caso, le oiríamos e
incluso hasta haríamos un esfuerzo y le veríamos por televisión,
que el médico nos tiene muy prohibidas las emociones
excesivamente fuertes, presenciales, en vivo...) de teoría
económica, con su correspondiente despliegue de panoplia
argumental de demandas agregadas, hipótesis de la convergencia,
frenos fiscales, internalizaciones, ley de utilidad marginal
decreciente (aplicada a los sueldos de los cargos municipales,
mismamente), o de los matices existentes entre el gasto y las
diferentes variantes de inversiones (bruta, inducida neta,
planeada o efectiva, y por ahí...), o ni siquiera de plusvalía,
o de paradoja del valor, presupuestos de base cero, o cíclicos,
sistemas económicos... No, no se espera eso. No esperamos eso
los avilesinos que pagamos el sueldo del vicealcalde (hasta
ahora al menos) y portavoz... Pero tampoco nos
merecemos la penuria intelectual e ideológica de que solamente
podamos esperar del (hasta ahora al menos) vicealcalde y
portavoz Rañón que en el grueso de sus intervenciones baile
impasible y feliz una danza de gloria sobre la tumba de los más
elementales principios económicos... y lo que es peor, del
sentido común.
No
es por pedir peras al olmo, que nunca suele darlas. Pero al
portavoz Rañón hay que recomendarle ciertas lecturas (hágase un
esfuerzo) económicas básicas. Y sabrá y comprobará el
vicealcalde (hasta
ahora al menos) y portavoz el cómo y el por qué de
que se haya quedado patéticamente anclado en un error
(interesado) de concepto y de estrategia respecto de la política y de la historia. Podría llegar
hasta a saber que la izquierda no solamente es ya que no debe ser endeudadora y manirrota; sino que de siempre, y no digamos en
los últimos treinta años pasados, fija el éxito de su gestión en
que sea precisamente eso: una
"gestión", y no una
dilapidación
irresponsable de los recursos que los contribuyentes ponen en el
fondo común del que se nutre el Estado y como parte del mismo el
(¿su?) ayuntamiento avilesino. Y, esto (aunque algunos desde una
sedicente postura pseudoideológica de izquierda lo hayan
descubierto recién, ahora mismo), viene siendo un pensamiento
esencial de la izquierda nucleada en torno al socialismo
fabiano (véase, please) desde (¡fíjese bien en este
punto, el protomártir de esta especie de gauche nada
divina!) que iluminó las corrientes renovadoras del socialismo
que han perdurado en la socialdemocracia europea, especial pero
no únicamente la inglesa... Y todo ello, ya, ¡a finales del
siglo XIX, en vida de los mismísimos
Marx y
Engels! Y algunos,
sin enterarse…
Hablando con un avilesino de pro y metido en menudencias y
detalles frívolos, me ha contado -él más
metido en este tipo de cosas paralocales y propias del hacer y
el ser de cada quien y de cada cual- que el tan aquí
repetidamente citado vicealcalde (hasta ahora al menos) y
portavoz ha contado con –al menos- dos escuelas de conocimiento
importantes: el seminario y la gaita. Creo que ambas dos no son
para nada mala cosa. Pero he de decirles (a la vista de lo visto
y sobre todo oído) que ya me parece a mí que podía haber sacado
algo en limpio de ambas. De la primera, por ejemplo, los valores
(¿nos acordamos de qué cosa es eso...?) de ética, de probidad,
de respeto a la legalidad y de justicia…que incluso al laico más
recalcitrante le hacen sentir y respetar lo ajeno precisamente
como propio. De la segunda, una lección importante para lo que
nos ocupa: de una gaita, no sale nunca más aire del que se mete
en su fuelle soplando, y que éste depende de la capacidad de los
pulmones del (en sentido estricto y por tanto inofensivo) soplagaitas. O dicho de otra forma:
en economía,
no hay más cera que la que arde. Pues eso.
Una
cosa (paramusical) más, antes del clarinazo del cambio de
tercio... Y es que todo buen aprendiz de gaitero, mientras
practica, suele perderse voluntaria y sabiamente por sitios
apartados, remotos, ignotos, insonorizados... o en lo más
intrincado de los más espesos de nuestros queridos y envidiados bosques astures. Además de entrar
en contacto con la madre naturaleza, aquí se trata... de no
molestar los oídos de los otros, de los demás. Que bien mirado
maldita la culpa que tienen de la insabiduría del ejecutor (que
no ejecutante, como debiera, claro) de la poco ensayada
partitura musical. Y es que no se debe desesperar en estos casos
de la música y de la economía... ¡Ya se aprenderá, hombre! Todo
llega, y cada día tiene efectivamente su mejor afán... Porque lo
contrario, el ensayar tanto en público y pretendiendo encima dar a
todo el mundo una lección de ejecución instrumental... es
simplemente una caída segura en el más absoluto ridículo.
Vayamos ahora y ya por último con las cosas que dependen de las
medidas linguales... Conocido generalmente y por todos como lo
es el vicealcalde (hasta ahora al menos) y portavoz Rañón por su
verbo siempre exultante y a menudo inconveniente, sobran
demostraciones inútiles en tal sentido. Simplemente, como guinda
esclarecedora del pastel del estilo rañoniano de entender la
política y el ejercicio de los cargos públicos, contarles
algunos términos de la demanda que le ha venido encima al prócer
local con motivo de un ejercicio bien notorio de las tan

enormes posibilidades prácticas de la longitud lingual
excesiva... y dirigido esta vez contra una persona conocida
sobradamente por su probidad en el ejercicio de las
responsabilidades tanto políticas como sindicales...¡en los
mismos reductos políticos de izquierda que el portavoz Rañón!
Estamos hablando del demandante en esta causa civil (destaquemos
lo de civil, por su especial relieve e interés jurídico en este
caso): Vicente Ordóñez Campa.
La demanda de
Ordóñez contra Fernando Díaz Rañón se interpone
"por
intromisión ilegítima en el derecho al honor" del
demandante, Vicente Ordóñez. La demanda toma como base jurídica
el artículo 7.7 de la Ley Orgánica 1/1982 de 5 de mayo, de
Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y
Familiar y a la Propia Imagen. Según ese artículo, "tendrán la consideración de
intromisiones ilegítimas en el ámbito de protección delimitado
por el artículo segundo de esta Ley: La imputación de hechos o
la manifestación de juicios de valor a través de acciones o
expresiones que de cualquier modo lesionen la dignidad de otra
persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia
estimación".
El demandante
basa su actuación judicial contra el portavoz Rañón en unos
hechos ocurridos durante la campaña electoral para las
municipales últimas, y que en la propia demanda se explican así:
"El
demandante ve lesionado su derecho al honor por los juicios de
valor efectuados por el demandado, en los que reiteradamente se
refiere a la candidatura de ASIA, de la que el demandante forma
parte como número siete, con expresiones como: la
'mafia del
ladrillo', 'campaña copiada a la de Julián Muñoz',
'operación
ladrillo para compensar a quien les paga la campaña electoral',
'los votantes saben el tipo de calaña que es esta gente',
'las
mafias urbanísticas se la están pagando', y otras similares de
las que se hicieron eco medios de prensa escrita y televisión.
Concretamente Teleavilés, Teleasturias, La Voz de Avilés, La
Nueva España y La Voz de Asturias. Las expresiones son
afrentosas y atentan contra el buen nombre del actor. En ese
contexto de afirmar que ASIA es o tiene el apoyo de la mafia del
ladrillo, el demandado lleva a cabo un ataque personal al propio
demandante, diciendo varias falsedades que no se corresponden
con al realidad, y que no tienen otro ánimo que menoscabar la
fama del demandante y su propia estimación. El daño es evidente,
pues si según el demandado ASIA es la mafia del ladrillo ¿en
qué posición coloca al demandante que forma parte de dicha
candidatura?". Y concluye diciendo que "la intromisión ilegítima en el derecho al honor
del demandante es clara, y más cuando se trata de una persona
que se ha destacado en la lucha sindical, a la que se le conoce
en la comarca por haber ostentado diversos cargos en CCOO, haber
formado parte del consejo político de IU y publicar cono
asiduidad artículos en prensa".
Lo que tan torpemente dicho de otras
gentes con menores dosis de educación, buen sentido y "talante"
(aquí si que sí cabe decir eso...aunque huela a tópico y manido
aplicado a otros) que en el caso de Vicente Ordóñez Campa, sería
causa más que justificada para el portavoz Rañón recibiera a los
padrinos del
agraviado, con el mandato de escoger
"armas" y lugar para el duelo... se ha
convertido en este caso en una simple (¿simple...?) demanda
civil de cuya lectura íntegra se deduce que la pretensión es
esencialmente reparadora del honor mancillado... y sin excesivo
ánimo de hacer sangre en el demandado. Juzguen sino a tenor de
lo que se pide de éste, del portavoz Rañón: "Que se condene al señor Rañón
a estar y pasar por la declaración de haber cometido una
intromisión ilegítima en el derecho a honor del demandante. Que
se condene al señor Rañón a publicar íntegramente a su costa, en
la misma página donde se publicaron los artículos y con el mismo
tamaño de letra la sentencia, en todos los medios de prensa
escrita que se hicieron eco de sus declaraciones. Que se condene
al señor Rañón a que en los medios audiovisuales que se hicieron
eco de las declaraciones se dé publicidad, en el mismo horario
de emisión de dichas declaraciones, a costa del demandado, del
fallo íntegro de la sentencia. Que se condene al señor Rañón al
pago de las costas procesales. Como no mueve al demandante
ningún ánimo de lucro se renuncia a ser resarcido económicamente
de daños y perjuicios."
La partida que el vicealcalde (hasta
ahora al menos) y portavoz Rañón ganó un minuto antes de subir
al Titanic (y que le acredita como candidato seguro a irse con
el pecio titánico al
fondo del mar del ostracismo y el olvido político, más pronto
que tarde además...) le incluye exactamente dentro del bloque de
los viajeros que no cumplen los tres requisitos que apuntábamos
antes para pertenecer al bando de los
políticos corcheros... o si quieren, al de los
adornados con las virtudes necesarias para permanecer...incluso
en los tiempos de ira que nos han tocado en los tiempos actuales
tan confusos de la post-santatransición.
O sea, y recordando: prudencia, sapiencia y lengua corta.
Lo que además de todo lo dicho el
vicealcalde (hasta ahora al menos) y portavoz Rañón no sabía
cuando echó el órdago en su partida de naipes políticos, es
que... sus cartas estaban marcadas. Que se las habían marcado,
vaya... Y lo de menos es ahora es quien hizo la rayita delatora
en los naipes que esgrime radiante, exuberante, exultante,
abundante y feliz el vicealcalde (hasta ahora al menos) y
portavoz Rañón... Es decir, el concejal del Ilustrísimo
Ayuntamiento de la Villa de Avilés don José Fernando Díaz Rañón,
si no he mirado yo mal mis notas en este punto concreto de las
cosas nominalistas...que no minimalistas, que eso es ya otra
cosa.
O...¿quizás no?, ¿quizás todo sea
una y la misma cosa, a fin de cuentas?Pero, y como decía
Moustache, el
camarero polifacético de "Irma la dulce"..."¡¡esa es otra
historia!!
Elsa Marqués
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