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Este fin de
semana, varios
miles de
jóvenes han
sido
convocados en
una nueva
muestra de que
el hombre del
futuro es el
hombre-masa,
capaz de
asistir a una
convocatoria
que no sabe
quien la
convoca y de
la que nadie
se hace
responsable.
Sin tener en
cuenta las
molestias a
vecinos (tengo
un amigo que
los viernes y
sábados ha de
irse de su
casa si quiere
dormir por la
noches);
transeúntes...;
y el riesgo de
accidentes de
tráfico,
quedarán al
final de la
noche varias
docenas de
intoxicaciones
etílicas, con
el
consiguiente
gasto
sanitario,
provocado por
una serie de
individuos que
conscientemente
han acudido a
un acto
prohibido por
la ley en
muchas
localidades,
que han
ingerido
alcohol de
síntesis
-beber por
beber- de modo
voluntario en
cantidades que
el mínimo
sentido común
desaconseja y
a los que
habrá que
atenderles,
lavarles el
estómago,
proporcionarles
vitamina B y,
si es
necesario,
dejarles
ingresados.
Es por eso que
me pregunto:
¿Quién paga
este
desaguisado?
El alcohol, en
la mayor parte
de los casos,
los padres,
pero las
consecuencias
posteriores
todos los
contribuyentes.
Es por eso que
como
contribuyentes
y como
ciudadanos que
podemos exigir
a las
autoridades
que pongan
freno a estos
desmanes,
hagan cumplir
la ley y
promuevan
actividades y
planes de
formación que
haga a los
jóvenes más
libres y
humanos,
capaces de
divertirse sin
molestar ni
infringir las
leyes.
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