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Ya se sabe, cuando se llega a cierta edad, por
muy buena salud que una tenga, nunca nos
libramos de tener que pasar por la consulta del
médico (una gripe, un catarro, las vacunas, las
pastillas para la tensión, el colesterol, y qué
se yo cuántas cosas). Y claro, también el
oculista. Las cataratas. Las dichosas
cataratas, tan molestas. Y llega el momento en
que tienes que ir sin remedio al hospital a que
te operen, a que te quiten la catarata. Bueno
pues hace un año he tenido que operarme de
catarata en un ojo y, claro, ¿a dónde ir? Pues
me fui al hospital San Agustín, y menudo lío,
todo en obras, allí tuve, tuvimos que sufrir
algún retraso (cosa de las obras) por falta de
camas. Bueno, eso fue lo de menos, son cosas
que pasan cuando se está con obras. Todos
sabemos lo que es tener obras en casa, así que
cómo no van a causar problemas en un hospital
con la cantidad de gente que por allí pasa
todos los días.
Después de un año tuve que volver a pasar por
ese quirófano de oftalmología para operar mi
otro ojo que también estaba afectado por otra
catarata. Allí me presenté tempranito pues a
las 8,30 horas me había dicho la Doctora Carballo
que me operaba. Qué sorpresa, volver a pasar
por el Hospital de Día. Menuda la diferencia.
Llegas allí y una enfermera de lo más cariñoso
y amable te recibe y te prepara para ir al
quirófano. Llegas nerviosa porque aun sabiendo
que es poca cosa, el quirófano impresiona
bastante, pero aquella experta enfermera (María
Jesús se llama) sabe cómo tratarnos para
quitarnos ese pánico que llevamos dentro y
poder ir para el quirófano más tranquila. Una
vez operada, ya más tranquila, me pasaron a la
sala que llaman Hospital de Día, una pequeña
habitación, pero eso sí con una buena ventana,
soleada y tu acompañante allí contigo. La Doctora
Carballo nos saluda e informa. Luego te dan
el desayuno y descansas un ratito. Controlan tu
tensión, tu temperatura... Y cuando consideran
que todo va normal, te dan el alta y te
vas a tu casa. Ha sido mi caso, y todo ello con
gran orden y tranquilidad. Y, a las tres horas
y media de entrar
en el hospital, ya me encontraba en casa
felizmente y sin catarata.
No es que tengamos los pacientes que sentirnos
agradecidos de la labor de los profesionales del
hospital San Agustín porque sabemos que es su
trabajo y su responsabilidad, pero sí debemos
de tener un reconocimiento hacia ellos. Todos
sabemos lo bien que nos sentimos cuando
entramos en un Hospital como el hospital San
Agustín, por sus buenas instalaciones y desde
luego, como no, con los buenos profesionales
que allí trabajan. Yo sí doy mi agradecimiento
público a todo el personal que ha tenido que
participar en la operación de mi catarata.
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