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Benedicto XVI  visita España   

 
 

 

 
 

Carlos Osoro


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La Fiesta de la Familia

Esta Fiesta de la Familia nos sirve como preparación para el encuentro con el Sucesor de Pedro en el V Encuentro Mundial de las Familias que se celebrará, dentro de unos días, en Valencia. Sé que muchos de vosotros acudiréis a esta llamada de Su Santidad Benedicto XVI representando a las familias cristianas de la Iglesia que camina en Asturias. Hermanos y hermanas, que la paz de Jesucristo esté siempre en vuestro corazón y que ella sea la que aliente, dinamice, promueva, construya, consolide y desarrolle siempre a todas las familias cristianas, para quienes pido al Señor su bendición y su ayuda.

Sí, queridos hermanos y hermanas, «nos apremia el amor de Cristo», y precisamente esta es la opción que vosotros, como familias cristianas, habéis realizado, pues vivís sabiendo que «Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos». Gracias por vuestra vida y por vuestro testimonio, pues vosotros sí que presentáis una novedad en este mundo: presentáis lo nuevo, que es al mismo Cristo, todo lo demás es viejo y caduco, sin ninguna significación. ¡Qué bella es vuestra vida descrita como matrimonio y en la familia cristiana, pues no vivís para vosotros mismos! ¡Qué hondura alcanza vuestra vida en la familia cristiana, donde «Jesucristo revela al hombre la verdad íntegra sobre la persona, el matrimonio y la familia»! (cf. LG 1).

Queridos hermanos, siempre, pero en este momento de la historia, «nos apremia el amor de Cristo». Todo hombre puede vivir en la Iglesia una experiencia fundamental de familia, ella es la Madre que engendra, educa y alimenta a todos sus hijos. Lo mejor que tenemos en nuestra vida nos lo ha dado la Madre Iglesia: la vida misma de Cristo, la comunión con Él y con los hermanos, la apertura hacia todos los hombres, que se engendra en la vida de Dios con una dimensión católica y universal. Es desde ésta experiencia desde la que los cristianos somos fermento de comunión en los distintos ámbitos de la vida y muy especialmente en la familia, para convertirla en un hogar que sea “sal y luz” de la sociedad.

La fuerza que tiene el Evangelio que hemos proclamado para descubrir y experimentar una verdadera experiencia eclesial en la familia cristiana es extraordinaria. Nosotros afirmamos que la familia es la «iglesia doméstica», pensad por tanto en ella como si fuera esa barca del Evangelio a la que Jesús se sube, al lado van otras barcas, es decir, otros hombres y mujeres con maneras diferentes de entender la vida, pero Jesús va en esta, va en vuestra barca, en vuestra familia. Tened esta convicción y esta seguridad: va con vosotros, está a vuestro lado, está en vosotros. Y aunque se levante un «fuerte huracán», aunque hoy, como ayer, existan circunstancias adversas, Él siempre viene en vuestra ayuda para hacernos vivir en comunión, para hacer posible que nos olvidemos de nosotros mismos y consideremos al otro

mucho más importante que a uno mismo. Pero para vivir así, hay que tener el atrevimiento de llamarle, de vivir desde la fe, de vivir en la Iglesia, de alimentarnos de su Palabra, de sus Sacramentos, porque Él tiene la fuerza y el poder, Él es el único capaz de poder decir siempre «¡silencio, cállate!», es decir, vive de mi amor, de mi fuerza y de mi gracia. Porque, viviendo de esta manera es cuando, en las circunstancias difíciles, se hace realidad lo que nos dice el Evangelio: «cese el viento y venga una gran calma», es decir, que venga la paz y la comunión. Tened hoy esta experiencia singular de ser la familia cristiana, es decir, esa barca en la que Jesucristo va con todas las consecuencias. Porque también a vosotros el Señor os dice: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Con toda confianza y convicción, queridos hermanos, responded como aquellos primeros discípulos del Señor: «¿a dónde vamos a ir si sólo Tú tienes palabras de vida eterna?».

Hoy os tengo que decir, que la primera presencia de la Buena Noticia que es Jesucristo, tuvo lugar en un hogar, la familia de Nazaret. Contemplaos en la familia de Nazaret, que ella sea vuestro espejo para miraros y aprender siempre.

También os digo con fuerza que la primera transmisión del Evangelio se realizó en las familias, ved el libro de los Hechos de los Apóstoles: los que acogían la Buena Noticia, se convertían y bautizaban y en su hogar se celebraba la Eucaristia (cf. Hch 2, 46; 10, 2. 24. 28). De tal manera, que podemos concluir, que el Evangelio no es algo ajeno o exterior al matrimonio, a la persona o a la familia, sino que se encuentra en su interior y allí la impulsa y la sostiene.

Queridas familias, queridos matrimonios, ¡dejaos fascinar por la belleza del Amor que es el mismo Jesucristo! Creed en el Amor. Para un hombre y una mujer cristiana esto es fundamental. Aquí está la clave para vivir la comunión y la entrega total y absoluta del uno al otro y de ambos a los hijos. El primer elemento de la belleza del amor conyugal es la plenitud de la entrega que lo conforma. Ahí está la clave adecuada para descubrir a la otra persona y construirse desde el amor. Aprender a vivir en el día a día esta forma de construir el matrimonio, desde el Amor, y a cimentar en esta clave el hogar cristiano, ahí está la cima y el punto para encontrar la felicidad.

Santina de Covadonga, enseña a las familias de Asturias a encontrar el tesoro de esa única morada en la que podemos vivir y desarrollarnos, crecer y amar, construir la sociedad y servir a los demás. Tú, junto a San José, recibisteis en el seno de vuestra familia a quien es el único Camino, la única Verdad y la única Vida que tiene el hombre y que le da plenitud, que es Jesucristo. Por tu intercesión, te pedimos que las familias de Asturias sepan recibirlo y acogerlo en sus vidas y así poner en el centro de cada hogar a quien ahora en este altar se va a hacer realmente presente en el Misterio de la Eucaristía. Amén.

 

  Carlos Osoro, Arzobispo de Oviedo

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