¿Porqué no fue electo un
Papa menos duro o del ‘Tercer Mundo’? El vaticano
elige a su pontífice haciendo sabios cálculos
políticos. El primer papa que no fue italiano en 5
siglos fue el polaco Wotjyla (1978-2005), quien fue
usado para tumbar al comunismo en el Este y
arremeter contra la ‘izquierda cristiana’. El
segundo es un alemán duro cuya misión es evitar que
el bastión del catolicismo (Europa) siga
retrocediendo en manos de ‘secularistas’.
Benedicto XVI no será tan telegénico o trotamundo.
Su deber es ser guardián del dogma y
‘re-evangelizar’ Europa. No quiere que en la Unión
Europea haya estados no cristianos y dentro de éstos
pugna por reforzar el tradicionalismo. Como prefecto
de la ex inquisición combatió aperturistas,
liberalizantes y toda reforma.
En un mundo en el que crece el fundamentalismo
islámico y el evangelista-bushista, él quiere
desarrollar un fundamentalismo católico. ¿Evitará
tal dureza una división interna? ¿Ampliará una base
militante? Su corto reinado, ¿consolidará una
iglesia ultraconservadora o producirá un ulterior
bandazo hacia un nuevo papa aperturista?
Cuando se murió Juan Pablo II muchos esperaban que
el Papa número 256 fuese por primera vez de América
Latina (donde residen la mitad de los católicos) o
del Tercer Mundo (donde están dos de cada tres
fieles). Otros esperaban un pontífice que no fuese
tan tradicionalista.
La
elección del cardenal alemán ha generado ciertas
expresiones de sinsabor dentro de esos sectores.
Trataremos de analizar cuales son las razones por
las cuales el Vaticano, en una de las elecciones
papales más cortas que ha habido, optó por Ratzinger.
El
es, junto a su predecesor, el primer papa no
italiano desde Adrián VI (1522-23). Mientras Karol
Wotjyla era sumamente popular en su Polonia natal
(el país más católico del este europeo), Ratzinger
no es tan querido en su natal Alemania (país donde
solo un tercio de sus habitantes son católicos). Una
encuesta en la revista germana Der Spiegel sostiene
que en su país él tiene un índice de aprobación del
29% frente al 36% en contra.
La elección de un papa eslavo fue un acierto
estratégico muy importante para Roma pues permitió a
la iglesia dotarse de un símbolo que capitalizase la
protesta interna dentro del bloque soviético. Juan
Pablo II fue crucial en hacer que el levantamiento
sindical polaco (1980-81) fuese el primero dentro
del Pacto de Varsovia que no fuese dirigido por
disidentes comunistas, sino por el clero y fuerzas
procapitalistas.
Él le rodeó de carisma y popularidad a la causa
anticomunista. Con él se fortalecieron los
conservadores en la iglesia y se acallaron a los
curas asiáticos que veían que las otras religiones
eran otras formas de llegar a dios y sobre todo la
de los teólogos liberales y ‘de la liberación’. Su
objetivo fue relanzar la iglesia a escala global y
crear puentes con otros credos. Juan Pablo II fue el
primer papa en llegar a decenas de países y en
entrar a una mezquita y a una sinagoga moderna.
Con Ratzinger la iglesia no ha optado por un papa
aperturista o que trate de extender sus raíces
dentro del mundo subdesarrollado. Si Juan Pablo II
fue el instrumento contra el ‘socialismo’, Ratzinger
ya ha declarado que su gran adversario es el
‘secularismo’ y el ‘sincretismo’.
Según él, «el ateísmo moderno y el secularismo
deshumanizante son las plagas de nuestro tiempo». El
conservador George Weigel en el New York Times
afirma que él tomará muy en serio la tarea
re-evangelizadora. Su meta

no
es expandir la fe sino consolidar al continente del
cual ha partido la iglesia al resto del planeta y
dentro del cual ésta viene retrocediendo. Para
Catherine Pepister, la directora del semanario
católico inglés ‘The Tabloid’ no es casual que el
nuevo papa adopte el nombre de Benedicto, el patrón
de Europa.
Ratzinger fue apuntalado, según El Periódico de
Cataluña, por 20 de los 27 cardenales que forman la
curia romana (el corazón del aparato del Vaticano) y
por los ultra-conservadores Opus Dei y Legionarios
de Cristo.
Desde hace 24 años él ha encabezado la Congregación
para la Doctrina de la Fe, institución que de 1542 a
1908 fue denominada como ‘Santa Inquisición’. En
dicho cargo él fue la mano derecha de Juan Pablo II
en arremeter contra teólogos críticos como Leonardo
Boff o Hans Küng.
Según el Correre della Sera (diario de la derecha
moderada italiana) él es conocido como el Cardenal
NO. Ratzinger ha sido quien ha puesto varios y
firmes NO al uso de anticonceptivos, a que hayan
curas casados o mujeres, a la homosexualidad (a
quien fustiga como ‘satánica’), a la comunión con
protestantes o a que se permitan comulgar a
políticos pro-aborto o a divorciados que se vuelvan
a casar. Mientras los anglicanos o las sinagogas
conservadoras ya permiten que hayan sacerdotisas,
Benedicto XVI pide recortar el acceso de las mujeres
a altares y coros eclesiásticos. Ha manifestado su
desacuerdo con haber dejado las misas en latín y su
hostilidad al rock.
Él es el ideólogo del Dominus Iesu donde se recorta
el ecumenismo al afirmarse que la iglesia católica
es el "único camino de salvación". Esta no es
considerada una hermana de las otras iglesias sino
la madre del cristianismo.
Sus críticos le acusan de ser un perro alemán de la
intransigencia religiosa o un cardenal tanque. El
obispo catalán Pedro Casaldàliga le considera "el
ala derecha del Espíritu Santo". Sus partidarios
hicieron una campaña incluso mediante la web
pidiendo que él fuese el nuevo Papa. Lo ven como el
alemán disciplinado que mantendrá firme a la iglesia
contra ‘desviaciones’.
Sus enemigos le fustigan por su pasado nazi. Su
padre fue policía alemán durante los primeros 4 años
del gobierno de Hitler y él y su hermano entraron a
las Juventudes Hitlerianas (una organización
paramilitar en las cuales reclutaban los de la SS) y
al ejército nazi. Él sostiene que fue forzado a
hacer ello, aunque sus detractores arguyen que él
pudo haber evadido dar ese servicio mostrando que
estaba estudiando para ser sacerdote.
En 1945 pasó algunas semanas en un campo
norteamericanos de prisioneras de guerra. Luego de
ser liberado prosiguió con su carrera. Tras haber
flirteado con posiciones medio liberalizantes dentro
del clero él acabaría hostil a toda reforma y una
atalaya contra las protestas de la juventud alemana
y europea en 1968.
Él sostiene que no es el ‘gran inquisidor’ o
‘dogmático’ que le pretende enrostrar. Sostiene que
a todos los que defienden la fe ahora se les acusa
de ‘fundamentalistas’ y que él ve como positivo el
hecho que el Islam, a diferencia de la actual
situación del cristianismo, mantenga importante
presencia y fervor.
Ratzinger es un papa hecho para la época de la pugna
entre fundamentalismos como el musulmán de Bin Laden
y el cristiano de Bush. El es el hombre que quiere
hacer que Occidente se ‘re-catolice’. Cuando hay un
revitalizamiento de la interferencia de la religión
en la política él es el hombre que buscará hacer que
Roma re-cree un integrismo católico.
En el sepelio de Juan Pablo II por primera vez
vinieron 3 presidentes norteamericanos. Ratzinger,
quien como decano del colegio de cardenales era el
poder tras el trono del papa debilitado en salud, no
mencionó en el discurso del funeral ninguna crítica
a la guerra de Ira. Él es un líder con quien Bush
tiene mucho sobre qué que entenderse, en particular
en la cuestión de impulsar la ‘nueva moral’ y la
‘cultura de la vida’. En varias campañas electorales
(incluida la de EEUU) él ha pedido que el clero
mantenga cierta intervención contra candidatos en
pro del aborto, los derechos gays o la eutanasia.
Benedicto XVI ha tenido cierta ascendencia sobre el
África al haber contemplado la posibilidad que en un
futuro cercano haya un papa negro. Mas, ante la
mayor epidemia que viene destruyendo a los africanos
(el imparable aumento del SIDA), él se mantiene en
sus trece de que la iglesia debe vetar el uso de
condones. Para muchos críticos suyos eso implica que
el clero católico (que es responsable de administrar
ayuda a un cuarto de las víctimas de ese virus)
seguirá ‘siendo cómplice’ en el asesinato en masa de
muchas decenas de miles.
Benedicto XVI ha sido claro: la Iglesia, que ayudó a
derrumbar a los Partidos Comunistas en el poder,
ahora debe hacer frente al avance del secularismo y
del ‘individualismo’. Ante la constante disminución
de fieles, seminaristas y aspirantes a sacerdote, su
respuesta no es una apertura hacia las mujeres o
hacia la ‘modernidad’, sino un reforzamiento del
doctrinarismo.
Él aspira a revitalizar al papado como líder de la
cristiandad. Esa es una de las razones por las
cuales se opone a que en la Unión Europea entre un
estado mahometano como Turquía.
Los cardenales no escogieron como papa a alguien
relativamente joven y telegénico. Benedicto XVI no
será un papa muy viajero ni congregará tantas
multitudes, pues su tarea es reforzar ideológica y
orgánicamente a una iglesia que siente el asalto de
modernistas, seculares y ‘nuevas sectas’.
En casi tres siglos, él es el cardenal que más viejo
llega al papado. Su nominación en la silla de San
Pedro se dio casi como un presente por su 78º
cumpleaños. El tiene 20 años más que Wotjyla cuando
llegó a ser papa y 6 años menos que cuando él murió.
El ha de ser necesariamente un papa de transición.
Juan XXIII también tuvo un papado corto tras el
largo de Pío XII pero allí hubo reformas
sustantivas. Para Sandro Magíster de L’ Espresso, él
puede hacer una nueva gran limpieza interna.
Un aspecto que pocos han comentado es acerca de en
qué tipo de sociedades están ahora los católicos.
Cuando Juan Pablo II llegó al trono de San Pedro en
1978 más del 80% de los católicos del mundo vivían
bajo regímenes militares o de partido único.
Benedicto XVI es el primer papa en el cual más del
80% de sus fieles residen en sociedades que se
reclaman democracias representativas multi-partidarias.
Ciertamente que esa nueva situación no ha sido obra
de la iglesia, pero ella apuntaló varios de esos
cambios. Lo paradójico es que el Vaticano ha
decidido ninguna mínima democratización de sus
propias estructuras. Solo 115 cardenales (cuya edad
promedio supera los 70 años) resolvieron todo a
puerta cerrada y sin ninguna interferencia de la
prensa y de los 1.100 millones de católicos, 400.000
curas y casi 5.000 obispos.
Benedicto XVI seguirá manteniendo dicha
verticalidad. Ya ha dicho que la Iglesia en "su
estructura profunda no es democrática, sino
sacramental, y por lo tanto jerárquica".
Queda por verse si el reforzamiento doctrinario del
nuevo papa ahondará la crisis interna en la iglesia
o la consolidará como un fuerte poder. Es probable
que el giro duro produzca una contra-reacción
liberalizante en el nuevo papado, el cual
seguramente se dará en relativamente pocos años.
Isaac Bigio |