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No sé si debo meterme a
comentar un asunto de tanta polémica y que no me
afecta directamente, pero lo hago porque sí
concierne a esta profesión que adoro —y de ahí mi
rechazo a quienes sólo la denigran al aprovecharse
de ella— y por mi simpatía personal con casi todos
sus protagonistas.
Proveniente de la
radio y uno de los pocos que supo ser agradecido
tras el paso de los años a sus protectores
iniciales, el casi paisano García era aún un
poco más crío que yo cuando comenzábamos en el
diario Pueblo. Ya entonces se ganaba
polémicas de no te menees —para la época— que le
fueron haciendo un nombre cada día más conocido
hasta convertirse en uno de los relevantes del
periodismo, en los diferentes medios. Ni el deporte
ni una inclinación a la provocación han sido los que
yo elegí, pero siempre me ha parecido valiente y
convencido de sus razones.
A veces me ha costado
trabajo distinguir entre verdades, provocaciones e
insultos —que no son mi estilo— y en el caso de
actualidad menos lo puedo saber, puesto que no he
oído la entrevista, pero me extraña que García
no lo haya medido. Lo único que no tengo claro de
sus declaraciones posteriores, que sí le he oído, es
si de los insultos —si los hubo, que no he
conseguido saberlo— en un medio de publicación sólo
es responsable quien los pronuncia y nada el
director que los emite o publica. Espero que me lo
aclaren mis amigos juristas.
Hace mucho tiempo que
Jesús Quintero hace un periodismo original y
brillante, que le han acarreado no pocas travesías
del desierto y disgustos. Desaparecido —para casi
todos, por lo visto— entre la reciente entrevista
controvertida y su reaparición en pantalla, me
interesaba saber cuál sería el comienzo de su último
programa. Me ha parecido impecable. Sobre todo, su
referencia a los que jamás dimiten y piden toda
clase de dimisiones ajenas —abocándolas, si pueden,
al silencio eterno—, al trabajo de muchos compañeros
y al riesgo de que desaparezca uno de los pocos
programas que todavía se pueden ver.
TVE es una
televisión pública a la que, por serlo, sigo
deseando todo lo mejor, pese al desastroso
comportamiento de tantos y tantos de sus
responsables a lo largo de su historia, y al
ejemplar de los que la dirigieron en sus mejores
momentos, destacando el de Fernando Castedo.
Tiene mal arreglo mientras los políticos sigan
decidiendo hacer política con ella en vez de
periodismo. Con las nuevas estructuras, tuvieron
otra oportunidad, pero que si quieres arroz,
Catalina. Por el sistema de los porcentajes y los
consensos en los que sí se ponen de acuerdo, siguen
quedando en sus manos las decisiones últimas, sólo
justificables si algún profesional se salta los
códigos..., lo que, en lo que hace a la televisión
basura, parece no tener importancia y son
transgredidos sin parar. Con todo, habrá que
conceder un margen a la nueva trayectoria, aunque
estos comienzos no sean muy prometedores.
También yo me negué a
dimitir en determinados momentos. Era como
justificar a los espíritus censores..., que son
legión, también dentro de la profesión. Si quieren
cesar a alguien, que lo hagan y lo expliquen. Bien
es verdad que, como decía uno de los grandes
culpables, "ya escampará".
Y lo peor es que
escampa. Mientras, los que piden tantas dimisiones
se frotan las manos. Hacen como que se olvidan.
Total, aquí murieron
treinta romanos y cuarenta cartagineses. |